Aurora

.

Los escuchaste mientras dormías,

en la carretera hacia Tampico.

Detuvieron el autobús de madrugada,

lo desviaron de su ruta;

no creíste en la premonición

de que el sueño a veces amenaza.

.

El ruido blanco del monte,

los somníferos que tomaste para el viaje

los ocultaron en la niebla,

pero escuchaste el contorno de sus voces,

las líneas duras del metal

permanecieron a tu lado.

.

Te despertó una época

en que es difícil regresar a casa

hacia el norte por la carretera del Golfo.

Las noches, antes,

eran sólo eslabones viejos y oxidados,

lentos para abrirse al día.

Ahora te ha alcanzado lo real

y se ha encadenado a tu sueño

con argollas de voces,

acentos familiares,

que ordenan descubrir rostros,

contestar preguntas y abandonar el viaje.

.

Uno tiene un solo sueño para resguardarse,

pero ahora vigilan los caminos.

.

Uno tiene un solo cuerpo

a donde regresar en la vigilia.

Un cuerpo oscuro y precario

parecido a otros miles

que han dado la cara, forzados,

al ruido blanco del monte.

.

Bajaron a dieciséis

para dejarlos tirados sobre su propia sombra,

lo supiste cuando en Tampico

escuchaste las noticias.

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