Las amorosas y picantes cartes de James Joyce a su esposa

Los escritores tiene su corazoncito… y sus perversiones. En esta carta dirigida a su esposa, Nora Barnacle, James Joyce desata sus pasiones y su peculiar forma de amarla, lo cual incluye oler sus bragas y venirse en su rostro, pero escrito de la forma más tierna y honesta que solamente alguien como Joyce puede hacer.

Algunas de esas cartas, encontradas dentro de un libro después de la muerte del autor, fueron publicadas en su mayoría y sin censura. Hoy, les recordamos tal vez la más divertida de esas misivas y además les mostramos una también divertida lectura que el actor Martin Starr (Freaks and Geeks) hace en el sitio Funny or Die. Si les gana más la risa que la ternura, algo anda mal con ustedes.


6 de diciembre, 1909

¡Noretta mía! Esta tarde recibí la conmovedora carta en la que me cuentas que andabas sin ropa interior. El día veinticinco no conseguí las doscientas coronas, sino sólo cincuenta, y otras cincuenta el día primero. Esto es todo en lo que al dinero se refiere. Te envío un pequeño billete de banco y espero que al menos puedas comprarte un lindo par de bragas con volados, y te mandaré más cuando me paguen de nuevo. Me gustaría que usaras bragas con tres o cuatro volados, uno sobre el otro, desde las rodillas hasta los muslos, con grandes lazos escarlata, es decir, no bragas de colegiala con un pobre ribete de lazo angosto, apretado alrededor de las piernas y tan delgado que se ve la piel entre ellos, sino bragas de mujer (o, si prefieres la palabra) de señora, con los bajos completamente sueltos y perneras anchas, llenos de volados, lazos y cintas, y con abundante perfume de modo que las enseñes, ya sea cuando alces la ropa rápidamente, o cuando te abrace bellamente, lista para ser amada, y pueda ver solamente la ondulación de una masa blanca de telas; y así, cuando me recueste encima de ti para abrirlos y darte un beso ardiente de deseo en tu indecente trasero desnudo, pueda oler el perfume de tus bragas tanto como el caliente olor de tu sexo y el pesado aroma de tu culo.

Te habrán impresionado las cosas sucias que te escribo. Quizás pienses que mi amor es una cosa sucia. Lo es, querida, en algunos momentos. Te sueño a veces en posiciones obscenas. Imagino cosas muy sucias, que no escribiré hasta que vea qué es lo que tú me escribes. Los más insignificantes detalles me producen una gran erección: un movimiento lascivo de tu boca, una manchita color castaño en la parte de atrás de tus bragas, una palabra obscena pronunciada en un murmullo de tus labios húmedos, un ruido sin recato, repentino, de tu trasero y entonces asciende un feo olor por tus espaldas. En algunos momentos me siento loco, con ganas de hacerlo de alguna forma sucia, sentir tus lujuriosos labios ardientes, chupándome, coger entre tus dos senos coronados de rosa, en tu cara y derramarme en tus mejillas ardientes y en tus ojos, conseguir la erección frotándome contra tus nalgas y po-seerte sodomíticamente.

¡Basta per stasera!

Espero que te haya llegado mi telegrama y lo hayas comprendido. Adiós, querida mía a quien trato de degradar y pervertir.

¿Cómo sobre esta tierra de Dios es posible que ames una cosa como yo?

¡Oh, estoy tan ansioso de recibir tu respuesta, querida! 

Jim

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