Zizek y Pussy Riot: Correspondencia 5

Esta es la penúltima carta que intercambia el filósofo eslavo con Nadia Tolokonnikova, integrante de las Pussy Riot. La próxima semana publicaremos la última misiva, que es la respuesta de ella.


10 de junio de 2013

Querida Nadia,

Me siento profundamente apenado por su respuesta. Usted escribió: “No debería preocuparse por exponer sus invenciones teóricas mientras yo supuestamente sufro ‘la verdadera tribulación’”. Esta simple oración me hizo darme cuenta de que el sentimiento en mi última carta fue falso; mi gesto de simpatía con su tribulación en realidad era, “Yo tengo el privilegio de hablar de la teoría verdadera y enseñársela, mientras usted sólo es buena para reportar sobre su tribulación…” Su última carta me desmuestra que es mucho más que aquello, que usted está a la altura para dialogar sobre teoría. Así que reciba mis sinceras disculpas por esta prueba de cuan arraigado está el machismo, especialmente cuando se presenta disfrazado de simpatía por los que sufren.

Permítame continuar con nuestro diálogo.

Es la dinámica loca del capitalismo global la que hace de la resistencia algo complicado y frustrante. Recordemos la ola de grandes protestas que se presentaron por toda Europa en 2011, desde Grecia a España, desde Londres a París. Aun y cuando no era un política consistente la plataforma en la que se movían los protestantes, las manifestaciones funcionaron como un proceso educativo de largo alcance: la miseria de los protestantes y el descontento se transformaron en un grandioso acto de movilización. Cientos de miles se reunieron en las plazas públicas para proclamar que ya estaban hartos y que las cosas no pueden continuar como hasta ahora. Sin embargo, lo que estas protestas añadieron fue un gesto de negatividad pura, rechazo rabioso junto con una demanda equitativa de justicia, todo esto sin la habilidad para traducir esta demanda en un programa político concreto.

¿Qué se puede hacer en una situación así, cuando las manifestaciones y los protestantes no sirven de nada, cuando las elecciones democráticas no sirven de nada? ¿Podemos convencer a la cansada y manipulada multitud de que no estamos aún listos para derribar el orden existente, de que no podemos comprometernos en actos provocativos de resistencia y de que no contamos con una posibilidad para instaurar un nuevo orden?

Los perfomances de las Pussy Riot no pueden ser reducidos solamente a provocaciones subversivas. En sus actos se transparenta una estabilidad interna con una actitud política y ética firmes. De algún modo, es la sociedad contemporánea la que se encuentra sumergida en una dinámica capitalista sin un sentido interno, sin mesura, y son las Pussy Riot quienes de facto proponen una estabilidad ético-política. La mera existencia de Pussy Riot le dice a las masas que el oportunismo cínico no es la única opción, que no estamos totalmente desorientados, que todavía hay una causa común por la que vale la pena luchar.

Entonces, le deseo buena suerte también en nuestra causa común. Ser fieles a nuestra causa común significa ser valientes, especialmente ahora, y, como reza el viejo dicho, ¡la suerte está del lado de los valientes!

Suyo, Slavoj

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