Zizek y Pussy Riot: Correspondencia 1

En el reciente número de la revista Philisophie se publicó la breve correspondencia entre el filósofo esloveno Slavoj Žižek y una de las integrantes de la banda rusa Pussy Riot, Nadezhda Tolokonnikova, quien se encuentra en prisión desde el año pasado debido a un performance que ella y las demás integrantes de la banda hicieron en la Catedral de Cristo Salvador en Moscú. El Estado junto con la Iglesia de Rusia las acusaron de pandillismo y de promover el odio religioso; desde octubre de este año Nadia (apócope de su nombre) fue trasladada a una prisión en Siberia, en donde permanece en un hospital debido a su delicado estado de salud.

La correspondencia consta de seis cartas y las de Žižek fueron traducidas al ruso para que pudieran ser aprobadas por los filtros de seguridad, después la revista las publicó en alemán y en francés al mismo tiempo. El periódico The Guardian publicó a su vez fragmentos de esas cartas tomados, según ellos, directamente del ruso, pero algunos de los fragmentos no corresponden con las que supuestamente son “originales” en francés o en alemán; y asimismo, cuando se consultó la página de Philosophie, se dice que sus versiones son traducidas del inglés. En pocas palabras, esta es una traducción de una traducción de una traducción. Las presentadas en esta primera entrega son directamente tomadas de su versión francesa. Optimistamente, a pesar de las diferencias, el mensaje es lo que cuenta.

Aquí la primera carta del filósofo, y mañana publicaremos la de Nadia.


2 de enero de 2013

Querida Nadjeda,

Espero sinceramente que haya podido organizar su vida alrededor de los pequeños rituales que hacen de su encierro algo más tolerable, y también tenga tiempo de leer. Su triste situación me inspira la siguientes reflexiones.

John Jay Chapman, un ensayista político norteamericano, escribió lo siguiente acerca de los radicales en 1900: “Siempre repiten lo mismo. No cambian, mientras que todos los demás sí cambian. Son acusados de los más inconsistentes crímenes, de egotismo y de manía por el poder, de indiferencia ante el destino de su causa, de fanatismo, trivialidad, de poco sentido del humor, de bufonería e irreverencia. No obstante, tocan ciertas notas. He allí el gran poder práctico de los radicales persistentes. En apariencia, nadie los sigue, pero aún así todo mundo les cree. Tocan con el diapasón una nota La y todos reconocen que es una La, aunque el tono alto sea Sol bemol”. ¿No es esta una buena descripción del efecto que producen los performances de Pussy Riot? A pesar de todas las acusaciones, ustedes tocan cierta nota. Pudiera parecer que la gente no las sigue, pero en secreto sí cree en ustedes, sabe que dicen la verdad o, incluso, que luchan por la verdad.

¿Cómo explicar que los performances de Pusssy Riot susciten reacciones violentas en Rusia y en otros lugares? Los medios occidentales son parciales, están de su parte porque ven en ustedes una nueva forma de contestación liberal-democrática contra el Estado autoritario; sin embargo, cuando se dieron cuenta que ustedes también protestan contra el capitalismo mundial, los periodistas entonces se muestran reservados y algunos de ellos han aseverado que “entienden” a sus detractores. ¿Por qué? Porque las Pussy Riot denuncian a la vista de todos la continuidad entre el estalinismo y el capitalismo mundial contemporáneo.

En las últimas entrevistas dadas por Nicolae Ceaușescu antes de su lucha, un periodista occidental le preguntó por qué los ciudadanos rumanos no podían viajar al extranjero cuando la garantía de libre circulación está establecida en la Constitución. El Conducator le respondió: cierto, la Constitución garantiza la libre circulación, pero también garantiza el derecho a la seguridad y a la prosperidad. Nosotros debemos confrontar esos derechos: autorizar a los rumanos salir del país o poner en peligro la identidad y la prosperidad de la patria. De entre esos dos, es el de tener un país seguro y próspero el derecho que más importa.

Este estalinismo sofisticado también se aplica en mi país,  Eslovenia. El 19 de diciembre del 2012, el Tribunal constitucional esloveno consideró que un referéndum para la creación de un fondo para la reestructuración de activos malos, o lo que se llama banco malo, destinado a absorber todos los activos tóxicos, sería inconstitucional. El Tribunal ha prohibido que esta decisión se someta al voto popular, como lo habían demandado los sindicatos que pugnan las políticas neoliberales del gobierno y cuya propuesta había por tanto conseguido suficientes firmas para imponer una sesión de votación. Según el Tribunal constitucional, el referéndum “habría tenido consecuencias anticonstitucionales”. El Tribunal, de esa manera, ha confirmado el razonamiento de las instituciones financieras internacionales que pusieron presión en Eslovenia para que aplicara más medidas de austeridad.

Eslovenia es un país pequeño y marginal, mas esta decisión es sintomática de una tendencia mundial que consiste en limitar la democracia. Lo que es nuevo hoy en día, es que, después de la crisis de 2008, esta desconfianza hacia la democracia, alguna vez exclusiva de los países tercermundistas o de los soviéticos, está ganando terreno en Occidente. Los consejos condescendientes que les habíamos dado hace unos diez o veinte años atrás se aplican ahora a nosotros mismos. Si la Europa occidental quiere entrar en la nueva economía globalizada, el Estado de la providencia de la posguerra debe desaparecer al precio de dolorosas renuncias, sobre todo en materia de seguridad y protección social.

Pero, ¿esta desconfianza está justificada? ¿Son los expertos los únicos con el poder para salvarnos?

No es sorprendente que ustedes, las Pussy Riot, nos incomoden: a diferencia de nuestros dirigentes, ustedes reconocen su ignorancia, no pretenden dar respuestas a todo. Nos hacen comprender que hoy, en Europa, los ciegos guían a los ciegos. Esta es la razón por la que deben perseverar. De la misma forma que Hegel creyó ver en Napoleón el Espíritu del Mundo atravesar el Jena a caballo, ustedes nos hacen tomar consciencia de que todos somos prisioneros.

Saludos de su camarada,

Slavoj.

Traducción de Francisco Serratos.

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