La isla en medio del charco: entrevista con Ricardo Vigueras

Me resulta difícil escribir sobre alguien a quien siempre he admirado, primero como profesor, y luego ahora como autor de una novela que, por haberse publicado por un sello estatal y debido a las burocracias clásicas de nuestro sistema cultural y político, desgraciadamente no tendrá la misma promoción que otros libros, no llegará a las manos adecuadas ni quizás a las librerías más visitadas.

Conocí a Ricardo Vigueras (Murcia, 1968) en Juárez, en la Universidad de esa ciudad, en donde él ya tenía sus años corridos como profesor de cultura y lenguas clásicas, y yo apenas era un chaval inmaduro e ignorante (lo sigo siendo). Recuerdo que amaba su clase de cultura clásica, pero odiaba su clase de latín. Sin embargo, durante sus cursos, Ricardo mostraba siempre su alto conocimiento, sin caer en lo pesado, no solamente de las cosas más delicadas de las lenguas latina y griega, sino también de la cultura popular: sabe de cómic, de cine, de la novela negra y de cuanta minucia pueda uno imaginarse. Ricardo pertenece a esa especie extinta de hombres con sombrero, de risa simpática y de conversación amena: platicar y beber unas copas con él es pasar de la anécdota divertida al dato culto, de la escena de una película de Hitchcock a la política, pasar de España a México. Cruzar el charco, como dice él.

En su primera novela, Nuestra Señora de la Sangre (2013), Vigueras propone la creación de un espacio mestizo llamado Puntaloba, una isla en el Caribe, y en específico el de su capital, Noche de Nuestra Señora, ciudad cuya geografía es fácil de relacionar con nuestra realidad debido a que su lengua es el español, sus calles están pletóricas de crímenes, de políticos y policías corruptos, de pobreza y marginación, y porque representa esa amalgama que caracteriza nuestra historia hispana a ambos lados del charco. Dividida en tres partes, la novela tiene como personajes principales a dos detectives: Adán Nebreida, el Caballo Ciego, quien funge como capitán de la Delegación, y a Lucas Bauer, alias el Ratón, tal vez el personaje que se perfila como protagonista de esta saga. Ambos resuelven, para bien y mucho para mal, el caso de tres mujeres: el de la hija de un guerrillero comunista miembro de la Liga 6 de Mayo que vuelve a la ciudad en busca de su padre; el de una cabaretera asesinada que narra su desgracia desde ultratumba; y el caso de la hija extraviada de un magnate de Puntaloba, quien esconde un secreto ensordecedor. (Aquí publicamos el primer capítulo de la novela.)

Esta charla que tuve con Vigueras ronda entre lo familiar y lo pedagógico, entre la amistad y el gusto por aprender todavía muchas cosas de él. ¡Salud, querido profesor Gafapasta!

“El ejemplo de Luis Buñuel me animó: él fue un español completamente integrado en México que nunca dejó de ser muy español y, al mismo tiempo, hacer un cine muy mexicano”

Ricardo, eres un gran lector de novela negra y Nuestra Señora de la Sangre es un guiño hacia ese género. ¿Qué tan pertinente es la novela negra en la actualidad en general y en un país como México?

La novela negra es el género actualmente más boyante. Es más, empieza a manifestar síntomas de cansancio o de excesiva autocomplacencia. Las razones de su popularidad estriban en que es una versión moderna de la antigua novela de caballerías: el detective, el policía, el periodista, son como el moderno caballero andante. Es necesario en esta clase de novela, para que tenga un buen final, no que el criminal pague su pena (muchas obras de este tipo reflejan la imposibilidad de hacer justicia), pero sí al menos que el lector conozca la historia completa y pueda extraer sus propias conclusiones. La novela negra es muy pertinente hoy día, lo ha sido desde que Hammett, Chandler y otros dieron un vuelco a la novela-enigma y añadieron crítica de las instituciones y retrato social realista.

En México está ofreciendo una crónica fundamental de la realidad, porque la realidad es noir. Cuando Rodolfo Usigli y Rafael Bernal fundaron el género en México al reconstruirlo con características totalmente mexicanas y alejadas del modelo anglosajón, dieron con dos personajes fundamentales: el psicópata, en este caso un dandy de la decadente burguesía en Ensayo de un crimen, de Usigli, y el policía corrupto que lucha por sobrevivir en un medio adverso, pero que forma parte de él, en El complot mongol, de Bernal. Sobre todo este último es un personaje muy creíble, y también muy actual, donde se empieza a advertir el realismo sucio en los diálogos y las descripciones, y se revela la corrupción del sistema. Sobre todo de Bernal, me atrevo a decir, llega buena parte de la novela negra mexicana.

Paco Taibo II, Rafael Ramírez Heredia, Ibargüengoitia, le dieron nueva vida, ellos fueron algunos eslabones con la moderna novela negra mexicana. El viraje que en los años 90 se produjo con esa mutación de la novela criminal que es la llamada narco-literatura ha expuesto la debilidad del sistema, ha fundido al psicópata de Usigli con el realismo sucio de Bernal y están reflejando de manera certera la indefensión en que nos encontramos en un estado fallido donde los criminales operan con la mayor impunidad. En la actualidad, Élmer Mendoza ha conseguido un brillante balance entre lo que podríamos llamar versión “caballeresca” de la novela negra y su vertiente más radical y sombría, ya que su personaje Edgar “el Zurdo” Mendieta es un policía que oscila entre el deber y la necesidad. Además, el Zurdo es licenciado en literatura, lo cual es un detalle más bien inverosímil, pero que sirve a Mendoza para crear un personaje cultivado, reflexivo, y también creíble dentro del marco policiaco y de narcotráfico en que se desenvuelve.

Ya que tocas el tema, ¿qué piensas realmente de la literatura del narco, infelizmente relacionada con todo lo que se producen en el norte de México, y por qué en Puntaloba no se respira ampliamente esa cultura?

No creo que toda la literatura que se produce en el norte de México esté relacionada con el narco.  No sé si esto es sabiduría de los narradores o escapismo, porque, por desgracia, la vida en el norte está condicionada por el estado de salud del narco. Lo digo porque quienes vivimos aquí podemos sentirlo. La literatura del narco es necesaria, es una consecuencia lógica de esta realidad, es una evolución del modelo de la novela negra. En cuanto a mí, yo no sé nada de narcotraficantes ni de sicarios, salvo lo que leo en libros o revistas, así que no puedo hablar de ello porque sólo puedo hablar de las consecuencias que deja en la sociedad civil, no de los protagonistas del organigrama del crimen. Esta es la razón de que ese contexto se halle ausente en Nuestra Señora de la Sangre. Yo cuento historias que son consecuencia de la miseria económica, ética y humana, y esas historias sí las conozco bien porque se hallan por todas partes y te llegan desde muy distintas fuentes.

¿Qué diferencia hay entre la novela negra clásica y la que se ha escribe hoy?

doc0002Son muchas las diferencias, tanto de tono como de contenidos. La diferencia más notoria es el incremento de protagonistas mujeres, bien periodistas, forenses, policías o detectives, que ahora tienen una relevancia mucho mayor en esta clase de literatura. En la época clásica teníamos a la Mrs. Marple de Agatha Christie, que era una anciana solterona metiche, aficionada a las novelas policiacas, que se inmiscuía en los crímenes de su pueblo para resolverlos. Este mismo personaje entrañaba ya una parodia del género, una excepción y no una norma. Hoy, por el contrario, tenemos por ejemplo a Kay Scarpetta (de Patricia Cornwell), a Kinsey Millhone (de Sue Grafton) o Petra Delicado (de Alicia Giménez Bartlett). Esto, aparte de demostrar la integración de la mujer en el mundo laboral, viene apuntalado además por el hecho de que hoy las mujeres son más lectoras que los hombres. Otra diferencia importante que yo veo es que antes las novelas se centraban más bien en el hombre o la mujer, más o menos comunes, que cometían un crimen, mientras que ahora, sin abandonar esta vertiente, existe una novela negra que apunta más alto: a los políticos corruptos, a las mafias, a las grandes corporaciones internacionales y los grandes bancos. Hoy se practica también una novela negra que critica el sistema económico mundial, en que han florecido tantos delincuentes de guante blanco que hacen lo que quieren por encima de unos sistemas democráticos hoy ineficientes.

Has vivido muchos años en México, en específico en Ciudad Juárez, y en la novela se aprecia que quisiste abordar todo lo que has atestiguado, desde la violencia, los feminicidios, la maquila, hasta las cosas buenas como la humanidad de ciertos personajes. ¿Por qué optaste por crear una isla y no una ciudad, digamos, real?

Llevo dieciocho años en México. Cuando inicié el ciclo de Caballo Ciego y el Ratón llevaba unos cuantos años viviendo en México, pero no me sentía capaz de abordar la compleja realidad social y cultural mexicana sin patinar. Yo hice mucho teatro. Admiraba las obras de Jesús González Dávila que montaban Octavio Trías o Antonio Zúñiga, pero no me sentía capaz de imitarlos. El ejemplo de Luis Buñuel me animó: él fue un español completamente integrado en México que nunca dejó de ser muy español y, al mismo tiempo, hacer un cine muy mexicano. En mis primeros años en México preferí inventar un espacio imaginario, una América Latina de laboratorio dónde poder moverme con comodidad. Por eso recurrí a los espacios simbólicos y míticos, y así nace Noche de Nuestra Señora, la capital de Puntaloba, con sus avenidas con nombres como Avenida del Purgatorio o de la Muerte, sus calles con nombres en náhuatl y Los Campos Místicos, donde me adelanté, creo, a esa Eurovegas que ahora se quiere levantar en Madrid. Siempre, desde muy niño, me he sentido más cómodo al recrear espacios imaginarios y simbólicos que reales.  Sin embargo, hoy ya no tengo ese miedo: mi último libro es un volumen de cuentos (que puede ser leído como novela) protagonizado por taxistas de Ciudad Juárez y que transcurre en los años de la furia, entre 2009 y 2012. Me vi obligado a escribirlo como catarsis al terror, para no volverme loco del miedo, y no podía ubicarlo en ningún espacio imaginario porque Juárez se volvió en esos años una realidad que superaba toda ficción. Un espacio mítico. Había que describir el horror del fuego nuestro de cada día, y ver cómo influía en las vidas de la gente común.

“la literatura fronteriza es bastarda, no puede ser entendida desde criterios nacionalistas que imponen un canon de la literatura norteamericana o de la literatura mexicana”

Sin embargo, hay una herencia española y mexicana en ese espacio y esto se aprecia en el lenguaje que desconcierta un poco al lector, porque no es meramente un dialecto de España ni de México. ¿Cómo resolviste esta encrucijada entre narrar como español o como mexicano?

Digamos que Puntaloba existe en un universo paralelo, igual que el nuestro pero con la diferencia de que en el Golfo de México existe esa isla grande: Puntaloba. Profundizar más en esta realidad de mi mundo de ficción me exigiría modificar algunos aspectos y detalles de la realidad de México y de la región del Golfo y el Caribe. Sería muy divertido. La herencia de Puntaloba no sólo es española y mexicana, sino también caribeña, con mucho influjo de los africanos que fueron llevados hasta allí como esclavos. La brujería y la santería son muy comunes en Puntaloba.  Es normal que el lenguaje desconcierte un poco al lector, porque ese es mi lenguaje, ese es mi dialecto: el de un español que se educó y vivió en España hasta los 25 años y lleva 18 viviendo en México. Mi lenguaje, mi dialecto, nunca volverá a ser el de un español de España, pero tampoco será nunca el de un mexicano, aunque pueda desarrollar el oído para recrear un español mexicano “puro” (si tal cosa existe), la voz del narrador será siempre una mezcla. No lo considero un defecto, es una consecuencia de vida. Me preguntas con resolver una encrucijada lingüística, pero para mí no es tal porque mi lenguaje es básicamente castellano y mexicano, pero está influido por otros giros y palabras de otros países de América Latina. En Nuestra señora de la sangre, en menor medida pero ahí están, puedes hallar venezolanismos, cubanismos, incluso neologismos y préstamos que tomo del latín puro y duro y españolizo porque quiero. Estudio mucho el vocabulario de América Latina, no sólo de la literatura mexicana, y para mis historias de Puntaloba lo uso como quiero porque no hay más restricciones que cierto grado de lógica y coherencia. No me considero parte de la literatura mexicana, pero tampoco de la española. Me siento parte de la literatura fronteriza, y las fronteras son espacios míticos donde todo es posible. La frontera entre México y Estados Unidos es la frontera mitológica por excelencia.

Sé que estás escribiendo un libro sobre la literatura fronteriza y es interesante esa distinción que haces, hablas de un territorio fronterizo como una entidad cultural mestiza tanto en el lenguaje y en las costumbres; pareciera que para ti no hay distinción entre Cormac McCarthy y Jesús Gardea, hablan de un espacio compuesto a partir del límite. ¿Podrías hablarnos de eso y de lo que tienes escrito de tu libro?

No se trata de un libro sobre toda la literatura fronteriza, aunque ésta funcionará como contexto. Es sobre Ciudad Juárez y la literatura sobre la ciudad, la que se escribe desde Juárez y fuera de ella. Mi libro dimana de las ideas que vierto en un curso que imparto en la UACJ, en el doctorado en Ciencias Sociales, sobre la frontera como espacio mítico y su literatura. Así, este libro versará sobre Ciudad Juárez como espacio mítico. Sí, la frontera es un territorio con señas de identidad propias, su literatura es transnacional, se escribe en español tanto como en inglés y aborda preocupaciones y temáticas comunes en muchos casos. Creo, como ya te dije una vez, que esta literatura bastarda no puede ser entendida desde criterios nacionalistas que imponen un canon de la literatura norteamericana, o de la literatura mexicana. La frontera no es una línea, es una gran franja cultural, un concepto cultural desarrollado y complejo. De todos modos, yo no mezclaría a Gardea con McCarthy, aunque ambos comparten ciertos códigos. Es verdad que sobre literatura fronteriza podemos hablar de imaginarios comunes, influencias que se derivan del entorno y que son también consecuencias de su historia. Curiosamente, ambos autores eran casi de la misma edad, pero Gardea, por desgracia, murió pronto, con apenas sesenta años, mientras que McCarthy continúa produciendo. Me pregunto qué hubiera sido de la literatura chihuahuense si Gardea no hubiera muerto, qué dinámicas se hubieran desarrollado entre este escritor y los otros, cuál habría sido la propia evolución de este autor y su influencia.

El Ratón me parece que es el personaje principal, el anti-héroe de NSDLS, un hombre rudo, abusivo y hasta cierto punto pervertido, pero con un ideal de justicia muy claro a lo largo de la novela. ¿Cómo construiste este personaje?

NSDLS es la segunda novela del ciclo, y, curiosamente es la primera en publicarse. La primera, que permanece inédita, se titula Romero de juventud, y en ella se presentaba a los personajes principales, Caballo Ciego y el Ratón, que en el fondo forman una dualidad, como sucede en la mitología clásica con los gemelos opuestos, ya sabes: Rómulo y Remo, Cástor y Pólux… En la primera novela estaba más balanceado el protagonismo de ambos, pero en esta me ganó más el Ratón, quizá porque el Ratón no es un burgués ni siente aprecio por los ideales burgueses. Su idea de la justicia, si la tiene, es la de una justicia brutal muy en la línea de los viejos relatos de frontera como en el western. Es un compendio de taras, defectos y limitaciones, tanto culturales como sociales. El Ratón para mí es muy catártico, muy liberador, me permite dar rienda suelta a mis impulsos reprimidos por una razón u otra, esos que en el fondo todos tenemos.

Haces referencia a la cultura clásica en tu obra, ya sea nombres o mitos griegos, cosa muy poco trabajada en la literatura contemporánea. Como profesor, ahora sobre todo como autor, ¿cuál es la recepción de la cultura clásica hoy en día?

Mi formación clásica condiciona mi escritura, no tanto en las temáticas como en el estilo, donde sí siento yo una influencia. Date cuenta de que a estos clásicos los tuve que traducir tanto que fueron mi escuela. La cultura clásica no es tan poco común en la literatura que se hace ahora en cuanto a temáticas o alusiones, te podría citar obras como Ni el sol ni la muerte pueden mirarse de frente, de Wajdi Mouwad (es el ciclo mítico de Edipo), o Fedra y otras griegas de la mexicana Ximena Escalante, en el teatro. En el cómic, el manga Termas de Roma, de Mari Yamazaki, ha vendido sólo en Japón 8 millones de ejemplares. La novela histórica sobre Roma abunda en las librerías. Hoy la cultura clásica vive un boom, un apogeo.

Ejemplos hay muchos, el mito te proporciona una historia que contiene algo profundo e intemporal, y abordarlo te permite encontrar un punto medio entre la tradición y la modernidad. Series de televisión, películas, novelas, cómics, hay multitud con temática clásica. No siento que le hayamos dado la espalda, pero las referencias y alusiones ya no pueden ser como en otras épocas porque esas referencias, convertidas en clichés, ya se han gastado. Lo que abunda, más que el tópico de expresar, qué sé yo, “era bello como un Adonis” y esas cosas, es una búsqueda profunda de símbolos y de analogías con nuestra época. Fíjate en la serie Roma de HBO, qué maravilla, cuánto nos dice de la clase política de ayer y de hoy. Fíjate cómo Spartacus ha resucitado a este esclavo fugitivo romano (como ya ocurrió durante la Guerra Fría, con una novela de Howard Fast y otra de Arthur Koestler) en estos tiempos de crisis económica mundial, y ahora resulta que relacionan al personaje con el movimiento Occupy Wall Street. No, no está tan enterrado el mundo clásico.

Ahora, como profesor te digo todo lo contrario: el progresivo arrinconamiento y aniquilación de las lenguas clásicas y los estudios clásicos en la enseñanza es porque la presencia de estos estudios, sobre los que se levanta todo lo que podemos llamar Humanismo, es completamente contraria a lo que pretenden las políticas económicas neoliberales, que a su vez determinan las políticas educativas que aplican los gobiernos en la enseñanza. Lo que bancos y multinacionales quieren es que los gobiernos modifiquen la educación a las “necesidades del mercado”, y para esos mercados los ciudadanos sólo deben ser mano de obra barata, consumidores pasivos de productos que los mantengan anestesiados y dóciles. Una formación humanista integral, que es del todo iluminadora, va en contra de las leyes del mercado. No creo que exista ningún ingenuo que piense que dentro de un sistema educativo puede darse una verdadera educación humana.

Afortunadamente, la verdadera educación está en otro sitio, lejos de las escuelas, donde cada vez se adoctrina más que se enseña. Por eso me gustan series como la citada Spartacus o, hablando de esa narco-cultura transnacional y fronteriza, Breaking Bad. Son creaciones de insurgencia e insumisión, aunque también reconozca en ellas las perversas leyes del mercado: existen porque tiene ratings altos y proporcionan dinero a sus productoras. Pero si te das cuenta, son productos un tanto marginales, desde canales de cable de paga, que hoy podemos consumir, gratis y de un día para otro, porque los descargamos a través de internet. Claro, también los puedes comprar en la tienda, pero entonces tienes que esperar unos meses y te pierdes de la conversación “en caliente” que se da episodio tras episodio en los medios y redes sociales. Es una nueva dinámica de producir, intercambiar y consumir cultura, una que lucha frontalmente contra el discurso infantiloide que dictan los mercados y siguen a pies juntillas los gobiernos que se encargan de educarnos.

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4 Responses to “La isla en medio del charco: entrevista con Ricardo Vigueras”

  1. “Mambo” | blog indieo

    […] capítulo cinco de la novela Nuestra Señora de la Sangre (2013) de Ricardo Vigueras. Pueden leer esta entrevista con el autor aquí y por acá está el primer capítulo que publicamos como avance. Está disponible en Amazon y la […]

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  2. Briza Saldivar

    Me encantó, ya quiero leer “Nuestra Señora de la Sangre” gracias por su motivación a estudiar letras, mi profesor mas admirable, RIcardo VIgueras, Felicidades!

    Responder
  3. Rodrigo

    Hola, me gustaría tener el libro, me gusta la idea de la frontera como un espacio diferente.

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