Las diez reglas para escribir de Elmore Leonard

Las siguientes reglas de escritura de Elmore Leonard, autor recién fallecido, fueron publicadas en el New York Times en 2001 bajo una sección titulada “Writers on Writing”, en la que el periódico invitaba a escritores a debatir sobre varios aspectos del oficio. Algunos de los que contribuyeron a la desaparecida sección fueron John Updike, Saul Bellow, Annie Proulx y Jamaica Kincaid. También pueden ver el video al final del texto, en donde Leonard habla del proceso de creación y algunos de sus personajes mejor logrados en su opinión.


Estas son las reglas que he formulado en todo este tiempo para mantenerme invisible cuando escribo un libro, para mostrar, en vez de decir, lo que sucede en una historia. Si ustedes tienen habilidades lingüísticas e imaginación y el sonido de su voz los conforta, entonces la invisibilidad no es su propósito y pueden ignorar estas reglas. Sin embargo, aun así podrían echarles un vistazo.

1. Nunca inicies el libro con el clima.

Si es solamente para crear una atmósfera, y no para describir las reacciones del personaje en relación al clima, no te extiendas demasiado. El lector es capaz de saltarse páginas para encontrar a un personaje. Aunque hay excepciones. Si por casualidad eres Barry López, quien tiene más formas de describir el hielo que los esquimales, puedes hacer todo el reporte meteorológico que quieras.

 2. Evita los prólogos.

Llegan a ser molestos, especialmente aquellos que siguen después de una introducción que viene después de un prefacio. No obstante, estos se encuentran regularmente en los libros que no son de ficción. Un prólogo en una novela es un antecedente y puedes olvidarte de él en cualquier momento.

Hay un prólogo en Sweet Thursday de John Steinbeck, pero no hay problema porque un personaje en el libro le da sentido a mis reglas cuando dice: “Me gusta el diálogo en un libro y me disgusta que alguien me diga cómo es la persona que está hablando. Quiero discernir cómo es por la manera en que habla, discernir lo que piensa mientras habla. Me gusta la descripción, pero no mucha… A veces quiero que el libro se desborde con mucha paja… que desperdigue palabras bonitas o cante una canción con el lenguaje. Eso me gusta. Sin embargo, a veces quisiera que se olvidara todo eso para que no tenga que leerlo. No me gusta que la paja se mezcle con la historia”.

3. Nunca uses otro verbo para “dijo” en el diálogo.

La línea del diálogo le pertenece al personaje; el verbo es del escritor que mete las narices en él. “Dijo” es mucho menos intrusivo que “refunfuñó”, “jadeó”, “advirtió”, “mintió”. Recuerdo que una vez leí que Mary McCarthy terminaba un diálogo con “ella aseveró” y tuve que parar de leer para buscarlo en el diccionario.

4. Nunca uses un adverbio para modificar “dijo”.

…él amonestó agraviadamente. Usar un adverbio de esta manera (o de cualquier otra) es un pecado imperdonable. El escritor se compromete a sí mismo seriamente usando una palabra que distrae y puede interrumpir el ritmo del diálogo. Hay un personaje en uno de mis libros que dice que ella solía  escribir novelas históricas románticas “llenas de violaciones y adverbios”.

5. Controla el uso de los signos de admiración.

No te permitas más de dos o tres signos de admiración por cada 100,000 palabras en prosa. Si tienes la pericia de Tom Wolfe, puedes usarlos a manos llenas.

6. Nunca uses las palabras “repentinamente” ni “se armó un alboroto”.

Esta regla no requiere una explicación. He notado que los escritores que utilizan “repentinamente” tienden a perder control con el uso de los signos de admiración.

7. Usa el dialecto regional y el argot frugalmente.

Una vez que comiences a deletrear palabras fonéticamente en un diálogo y comiences a llenar la página con apóstrofes, no podrás parar. Ve la forma en que Annie Proulx capturó el sabor del habla de Wyoming en su libro de cuentos Close Range.

8. Evita la descripción detallada de los personajes.

Es lo que Steinbeck ya dijo. En “Hills Like White Elephants” de Ernest Hemingway, ¿cómo son “el Americano y la chica que está con él”? “Ella se quitó el sombrero y lo puso sobre la mesa”: esa es la única referencia física en toda la historia y aun así podemos ver y conocer a la pareja por el tono de su voz, sin el uso de ningún adverbio.

9. Tampoco des tantos detalles cuando describes lugares y objetos.

A menos que seas Margaret Atwood y puedas pintar escenas con el lenguaje o escribir paisajes al estilo de Jim Harrison. Pero, aunque seas bueno en eso, no querrás que la descripción interrumpa la acción y el flujo de la historia.

Y finalmente:

10. Intenta dejar fuera las partes que los lectores se saltan.

Una regla que me vino a la mente en 1983. Piensa en lo que pasas por alto en una novela: largos párrafos de prosa que a primera vista están abigarrados de muchas palabras. Lo que el escritor hace es que escribe, inserta mucha paja, tal vez hablando del clima o de los pensamientos del personaje, cosas que el lector o ya sabe o simplemente no le interesan. Apuesto a que no te saltas los diálogos.

Mi regla más importante resume la número diez: si se escucha escribible, rescríbelo.

O bien, si se trata de un uso común, probablemente no sirve. No puedo permitirme que lo que aprendí en mis clases de composición arruine el sonido y el ritmo de la narrativa. Mi propósito es permanecer invisible, no distraer al lector de la historia con escritura obvia. (Joseph Conrad habló de las palabras que se entrometen en lo que se quiere decir.)

Cuando escribo escenas desde el punto de vista de un personaje en particular —el que mejor capture y dé vida a la escena—, me concentro en la voz del personaje que te dice quién es él y cómo se siente en relación a lo que ve y lo que sucede; yo no aparezco por ningún lado.

Lo que Steinbeck hizo en Sweet Thursday fue indicar en los títulos de los capítulos, aunque oscuramente, de lo que trataban. ”Whom the Gods Love They Drive Nuts” es uno, ”Lousy Wednesday” otro. El tercer capítulo se titula “Hooptedoodle 1” y el 38 “Hooptedoodle 2” como una advertencia para el lector, como si el mismo Steinbeck dijera, “Aquí me verán ponerme elegante con mi estilo, pero no me interpondré en la historia. Saltátelos si quieres”.

Sweet Thursday salió en 1954, cuando yo apenas comenzaba a publicar, y nunca olvidaré ese prólogo.

¿Que si leí los capítulos de paja? Palabra a palabra.

Traducción de Francisco Serratos.
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