Rosauro Castro

 Las principales influencias en la estética del cine mexicano fueron Eisenstein con su proyecto inacabado ¡Qué viva México! y Paul Strand cuando filmó Redes de Emilio Gómez Muriel y Fred Zinneman. A partir de esas dos obras toda la iconografía se repitió hasta el hartazgo y sigue siendo un lastre difícil de quitarse.

A nivel internacional, las referencias de lo que se hacía en el país eran los mismos temas y contextos, melodramas sobre charros que podían o no cantar (la primer película mexicana en exhibirse en un festival de importancia fue Allá en el rancho grande de Fernando de Fuentes). Pasaron varios años para que las historias pasaran del campo a la ciudad debido a la gran migración de las décadas de 1940 y 50, de los campesinos a las urbes y del milagro mexicano que sucedió tangencialmente.

Hay muchos directores importantes por mencionar, pero me quiero centrar en el gran Roberto Gavaldón, cuya dimensión adecuada ha sucedido de pocos años a la fecha. Esto se debe a que sus películas se alejaban de lo que se hacía comúnmente; por ejemplo Emilio Fernández tenía sus temáticas y preocupaciones de autor muy claras, lo mismo Ismael Rodríguez y también Julio Bracho, por nombrar a los tres más sobresalientes de la mal llamada Época de Oro del cine mexicano. Gavaldón llevaba filmadas varias películas que iban desde comedias hasta su gran obra, La barraca, cuando en 1950 se propone hacer la que, probablemente, sea una de las mejores películas en la historia del cine mexicano y, así mismo, una de las menos vistas: Rosauro Castro.

La historia detrás de la película tiene varios huecos, hasta donde se sabe fue una película medio independiente producida por el mismo Gavaldón y por Pedro Armendáriz. Cuando uno tiene la oportunidad de verla, es claro por qué se la tuvieron que financiar ellos; la película no se parece a nada hecho e inclusive dispara influencias hacia otras obras muy importantes y más reconocidas en la cultura mexicana.

El filme narra la tragedia de un cacique en su último día: Rosauro Castro es temido y odiado por todos en su pueblo (fue filmada en Valle de Bravo), aunque el temor es mayor —ya de entrada, tenemos que el personaje principal es un antihéroe. Pedro Armendáriz actúa de la manera más sutil que se le pueda ver en cualquiera de su filmografía y, según me contó su hijo, era su película favorita y la que consideraba su mejor actuación, y no es para menos. La historia original es de un escritor norteamericano avecindado en México, Robert Quigley, y el guión lo escribió el mismo Gavaldón con ayuda de José Revueltas.

La historia comienza con un asesinato cometido por Rosauro y no hay ninguna prueba en su contra. Aparentemente, saldrá impune. El recién llegado al pueblo, el licenciado García Mata, se propone arrestar y castigar a Rosauro. Es la clásica figura del abogado recién llegado de la ciudad para imponer la ley y acabar con el cacicazgo de Rosauro. García Mata resulta una presión extra para el cacique, pero afortunadamente para la película, el Ministerio Público no resulta determinante para el destino de Rosauro.

Y en eso aparece Carlos Navarro, que interpreta a Chabelo: él regresa al pueblo bajo amenaza de muerte de Rosauro por una vieja disputa, pero Chabelo lo único que quiere es llevarse a su madre y a su novia. Rosauro lo descubre y el destino de Chabelo es sellado. Este personaje secundario, antagonista de Rosauro, aparece ya avanzada la película y termina con su muerte. Estos eran (y siguen siendo) riesgos mayores en cualquier proyecto porque en el gusto adquirido del espectador nadie quiere ver que el chico bueno muere impunemente sin lograr ponerle un alto al villano.

Ningún fotograma nos sugiere la estética hierática heredada de Eisenstein, no hay cielos ni paisajes épicos, no hay una sobreactuación desmedida; hay, en cambio, un tono negro, una tragedia y personajes complejos en verdad. Rosauro Castro podrá ser un asesino, pero es capaz de maravillarse ante una función de títeres a la que lleva a su hijo, a quien por cierto ama profundamente. Esto seguramente colocaba en posición desfavorable al espectador promedio, porque aparte de ser Rosauro un perfecto villano, tiene rasgos comunes de cualquier persona, haciéndolo más complejo que cualquier otro personaje en la filmografía mexicana de aquella época.

Me voy a aventurar una teoría que podrá ser rechazada o no. Juan Rulfo pudo haberla visto y pudo haber extraído cosas para Pedro Páramo, que fue publicada cuatro años después de Rosauro Castro. Las semejanzas entre Pedro y Rosauro son muchas. Rosauro Castro es una película que recuerda muchas cosas, pero ninguna anterior se parece a Rosauro Castro, de ahí su importancia. También recuerda mucho a The Man Who Shot Liberty Valance de John Ford, realizada 11 años después, y Rosauro Castro está más cerca de una temperatura mediterránea y contexto siciliano que muchas obras tratadas en esos lugares, como puede verse en una secuencia donde Rosauro lleva a su hijo a la escuela y se le cruza la procesión fúnebre del personaje que asesinó al inicio de la película.

Gavaldón siguió haciendo muchas películas, algunas de ellas muy importantes, como Macario, La noche avanza, El rebozo de la soledad, El niño y la niebla y la grandiosa Días de otoño. Su filmografía es para revisarse a profundidad.

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2 Responses to “Rosauro Castro”

  1. salvador moran

    excelente película quisiera saber de alguna pagina donde poder verla u obtenerla

    Responder

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