“El siglo XXI: más cercano a El proceso de Kafka, que a 1984 de Orwell”: Ricardo González

Con una modesta oficina en la colonia Roma, en el 2006, Ricardo González, junto a Darío Ramírez, empezó el duro camino de poner sobre la agenda política del país el tema de la libertad de expresión en México. Ahora con un equipo de trabajo sólido y años de experiencia, sabemos que el impacto de su trabajo es fundamental no sólo en México, sino también en Centro América a la hora de denunciar la impunidad con la que se mantienen las agresiones a las y los periodistas, la necesidad de exigir el pleno ejercicio de la libertad de expresión en los medios de comunicación y además de su fuerte incidencia en el tema de acceso a la información.

Actualmente, Ricardo González es Oficial de Protección y Seguridad para Artículo 19 México, cursa la maestría en periodismo y asuntos públicos en el Centro de Investigaciones y Docencia Económicas (CIDE) y escribe para El Fanzine sobre temas relacionados con libertad de expresión y derechos humanos. ¿Qué tiene qué decir respecto a la libertad de expresión en la literatura en México? Desde su punto de vista, ¿existe una conciencia clara del uso de la libertad de expresión como un derecho humano?
RG: La tradición liberal y magonista tienen mucho de esto, pero finalmente eso sólo en la forma de periodismo. Podemos pensar que hay una carencia en este sentido cuando vemos que no hay un lazo evidente entre la producción literaria actual y lo que se escribe. Claro que se producen obras sobre temas delicados, pero no al punto de incomodar al Estado y los grupos fácticos del poder… tal vez falta que llegue una nueva corriente.

BN: ¿En Artículo 19 han documentado casos de agresiones y/o violaciones a la libertad de expresión a escritores y escritoras?
RG: El silencio de escritores, a diferencia de periodistas, está casi siempre vinculado a la presencia de gobiernos autoritarios. En México hemos dejado atrás eso, es decir, cierto, hay periodistas censurados a través de la violencia, pero al mismo tiempo hay una apertura sin parangón para otro tipo de obras.

BN: ¿Será verdad que las becas ofrecidas por el gobierno violentan la libertad de expresión por el hecho de que diversos escritores “ejercen la autocensura” para ser publicados y/o becados?

RG: El libro de Assange, Cyberpunks (2012), retoma la discusión que se ha dado en muchas partes del mundo (México, Venezuela, etc.) en donde se plantea la idea de la censura como un fenómeno multifacético. Entre más sofisticado sea el sistema de control (es decir, exista una “normalidad democrática”), los métodos de censura son cada vez más sutiles. Por ello, en algunos países como México no hay necesidad de llegar a la coerción porque la simple amenaza logra inhibir.

Las becas, los apoyos para la edición y producción, la publicidad oficial en revistas y medios impresos, etcétera, son métodos sutiles que a simple vista hablan de mecanismos de control. Faltaría hacer un estudio más detallado de eso, sin embargo podemos ver en la temática de la producción literaria que hay algo de eso que se sospecha.

BN: Existe una serie de argumentos en los que dicen que las becas y los premios literarios están amañados en México. Incluso, se han hecho reformas en el sistema FONCA para hacer más transparente el proceso (no así en los premios literarios), sin embargo, existen recovecos que todavía permiten suspicacias. Como representante de Artículo 19, ¿qué recomendaciones harías al gobierno para mejorar el proceso de obtención de becas y/o premios literarios?
RG: Recomendaría criterios claros de selección y deliberación. Tal vez mecanismos de apelación de las decisiones y sobre todo difusión de información sobre la evaluación e impacto de los programas. Sin embargo, aquí hay otra discusión que tendríamos que atender: ¿el gobierno tiene la obligación de subsidiar la producción literaria? ¿Qué temas, géneros y autores debe impulsar? ¿Debe el gobierno impulsar inclusive obras que contengan discursos chocantes o inclusive discriminatorios?  Personalmente no lo sé, hay que discutir ese tema, no sólo entre gobierno y creadores, sino también con la sociedad.

BN: ¿Qué necesitarían las y los escritores para apropiarse de su derecho a la libertad de expresión en México?
RG: Una de las facultades que tiene el derecho a la libre expresión es que puede ayudar a que otros ejercen ese mismo derecho. Es decir, “darle voz a los que no la tienen”. Vivimos en una sociedad que confunde la uniformidad de ideas, opiniones e inclusive formas de expresión con la estabilidad democrática, tal vez porque esa idea ha sido promovida desde los gobiernos y clase gobernante.

BN: ¿Percibes apatía en el gremio literario en estos temas?
RG: No sé si haya apatía, pero sí un poco de alejamiento con las realidades del país. Son pocas las voces que le hablan a la multitud desde la multitud.  El mundo se sigue moviendo de manera vertiginosa, muchas cosas están pasando, las ideas se van transformando casi segundo a segundo y no sé en dónde están las voces que desde México participan en esta gran discusión. Parece que están concentrados en verse el ombligo.

“Las becas, los apoyos para la edición y producción, la publicidad oficial en revistas y medios impresos, etcétera, son métodos sutiles que a simple vista hablan de mecanismos de control”

BN: ¿Existe, desde tu experiencia, algún caso paradigmático en el tema de libertad de expresión que haya empoderado a algún escritor o escritora para defender su obra (por ejemplo Rushdie)?
RG: Hay varios, pero el caso que viene a mi mente es el del poeta vietnamita Nguyen Huu Cau, lleva 37 en la cárcel por criticar a los miembros del partido comunista y en general a la clase gobernante. Su estado de salud es muy delicado en este momento, pero en medida que la censura está cobrando fuerza en ese país, muchos jóvenes, en especial blogueros, citan constantemente su obra en textos y protestas.

BN: En el debate de La Jornada vs Letras Libres, ¿qué aprendimos, qué lección nos llevamos y qué es lo que no se nos debería olvidar respecto a la sentencia y sus repercusiones?
RG: Un caso en verdad positivo para la libertad de expresión. El debate entre medios de comunicación es muy sano, porque permite entender las fobias y filias de casa uno. Sentó buenos precedentes en materia de protección contra las acusaciones de difamación y, lo más importante, es que la corte reconoció la prevalencia de los derechos y estándares internacionales en la relación de particulares.

BN: Desde una perspectiva meramente derecho humanista, ¿en qué momento un autor pierde su derecho a expresarse en las obras de ficción?
RG: Los límites de libertad de expresión están claramente definidos: la promoción del odio racial y la violencia, apología de la guerra y difamación de la honra de una persona. Pero, ojo, muchas veces se evocan estos límites cuando en realidad no aplican. El derecho a la libre expresión es casi absoluto y las restricciones son excepcionales.

BN: ¿Consideras que hay un sesgo en la libertad de expresión en las autoras respecto a los hombres?
RG: Creo que los sesgos son los  que enriquecen la literatura… la objetividad o inclusive las visiones equilibradas son para la academia o el periodismo.

BN: Existe un debate para ejercer y promover un lenguaje no sexista en el periodismo, hay resistencia al respecto, especialmente por escritores literarios. ¿Cómo les podríamos explicar la necesidad del mismo a la hora de crear historias y el porqué comenzar a ejercerlo desde la literatura?
RG: La manera en la que hablamos refleja la manera en la que pensamos, así de sencillo. La inclusión de esta perspectiva debería de ser no sólo cosmética, sino en verdad profunda.

BN: ¿De qué manera, desde tu posición como defensor del derecho humano a la libertad de expresión, podrías esclarecer que apropiarse de un lenguaje no sexista va más allá de lo “estético”?
RG: El tipo de personajes y como cumplen los roles de género que les fueron asignados.

BN: Ahora, con el caso de Snowden y las referencias que se hacen al libro de 1984 de Orwell, ¿cómo podemos interpretar nuestro uso de la libertad de expresión? Es decir, ya  sabemos que existe nuestro derecho al acceso a la información, pero ¿qué deberíamos de hacer con ella? y ¿de qué manera las y los escritores podemos sacar provecho de este tipo de asuntos?
RG: Ya lo señalaron varios especialistas, tal vez aplicaría más la conexión con Kafka y El proceso que con Orwell. Ciertamente, vivimos en un mundo en donde toda persona puede ser potencialmente investigada, como en 1984, pero sólo son pocos quienes acaban enfrentando esto. El problema de fondo es que, como en El proceso de Kafka, tenemos gobiernos que toman decisiones sin consultarnos a pesar de que nos afectan directamente. Muchas de estas son estúpidas, como PRISM, ya que están basadas en una sospecha desmedida… el repositorio de información de PRISM seguramente no es otra cosa que la compilación más grande de fotos de gatitos, porno y otras banalidades, porque en realidad eso es lo que esa es la información que consulta la mayoría de las personas en internet.

BN: ¿Cuál sería la diferencia entre un periodista y un escritor a la hora de hablar de la realidad (a pesar de que muchos ejercen las dos profesiones) y cómo resaltaríamos la necesidad de la literatura para la libertad de expresión en general?
RG: El periodismo está determinado por la realidad, la literatura por la imaginación. En ambos casos se requiere absoluta libertad para explorar los confines de ambos.

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2 Responses to ““El siglo XXI: más cercano a El proceso de Kafka, que a 1984 de Orwell”: Ricardo González”

  1. Luis Andrés Miranda Mendoza

    Me encanta la última respuesta. Muy interesante. Suerte.

    Responder
  2. papelcontante (@Papelcontante)

    Acerca de que la literatura está determinada por la imaginación… me parece muy adecuado recuperar algo de lo que Terry Eagleton observa con respecto del tema: “No es casual que la teoría de la imaginación [esa que supone que el terreno de la literatura es la imaginación] se afianzase en los primeros años de la sociedad industrial, cuando la experiencia de gran cantidad de hombres y mujeres estaba siendo pervertida y reducida por condiciones inhumanas”…
    Más adelante, señala “los actos de la imaginación no resultan siempre benignos. Organizar un genocidio requiere una buena cantidad de imaginación”… No hay nada intrínsecamente creativo en la imaginación, que emprende tanto guerras como libros de poesía. La imaginación como la memoria son indispensables de una manera práctica: no avanzaríamos por un camino resbaladizo si no tuviésemos ni la más mínima imagen en nuestra mente del modo desastroso en que podemos terminar en él. Nada es más común que esa noble facultad. ”
    Imaginación, la cual no es privilegio ni coto exclusivo de los escritores de ficción.

    Responder

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