“Los artistas ya no tienen críticos, sino paleros. Esto ha generado una gran confusión entre el público y los lectores”: Malú Huacuja del Toro

Guionista, narradora, dramaturga y activista social, sería lo primero que se me vendría a la mente al tratar de describir a Malú Huacuja (México, 1961). Sin embargo, para beneplácito de las y los lectores, es mucho más fácil leerla para que ella se presente sola. Mujer aguerrida como pocas, ha tratado de romper sus propios paradigmas sin importar que eso la haya llevado a una especie de autoexilio del que nos da cuenta en esta entrevista que le da a Blog Indieo.

“Nadie se atrevería a criticar al artista que a la vez funge como jurado del mismo sistema que te beca a ti”

BN: ¿Cómo ves el mundo cultural desde la distancia?

MH: Lo que en México llamamos “el mundo cultural” es en realidad una clase social de personas con subvenciones gubernamentales injustificadas y privilegios incuestionables (conste que dije “personas”, no todos artistas), rodeados por miles de jóvenes aspirantes a convertirse en lo mismo, y de algunos cuantos artistas que sí gozan de esos subsidios y que sí los merecen, pero que no pueden hacer valer la diferencia entre su trabajo y el de cualquier político oportunista. Esto es así debido a que, durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, se instituyó un sistema de subsidios gubernamentales a los supuestos artistas o aspirantes a creadores que no tiene parangón con ningún otro sistema en el mundo (lo sé porque, viviendo en una ciudad tan multicultural y diversa como Nueva York, investigo y pregunto): el sistema de repartición de becas del FONCA, consistente en distribuir canonjías indiscriminadamente entre los amigos de los jurados, que se tardó diez años en instituir un código de conducta ética —y eso sólo por las muchas críticas que generó—, que durante esos diez años no exigió ni siquiera entregar terminados los proyectos por los que se solicitaba la beca, mucho menos evaluar sus resultados (tanto en términos de rigor artístico como de beneficio cultural a la sociedad que los subvencionó), que nunca instauró un mecanismo de análisis de la situación socioeconómica del solicitante de la beca (lo que, en un país con profundas desigualdades económicas como el nuestro, debería ser condición para evitar que, por ejemplo, gente con casa propia en Nueva York o que lleva dos décadas viviendo en Nueva York obtenga la beca del Sistema Nacional de Creadores durante tres años, como ha ocurrido) y que hoy, lejos de corregir sus deficiencias, tiene como presidente al mismo funcionario que permitió tal desfiguro: Rafael Tovar y de Teresa.

BN: ¿Qué cambiarías o harías para que las y los artistas crecieran profesionalmente en un país que vive en eterna crisis económica?

MH: La crisis no justifica la corrupción. No se puede decir que no hubo dinero cuando se repartieron becas vitalicias o por tres años, o por años intermitentes durante dos décadas (el requisito para ganarse una determinada beca fue muchas veces haberla ganado antes) a personas que dieron muchas conferencias pero que tienen una producción literaria o artística lamentable, que tienen libros escritos con subvenciones con retazos de otros cuentos también malos, también escritos con becas. Si se suma el dinero que se les otorgó en todos estos años, es imposible echarle la culpa a “la crisis”.  Creo que lo primero que tendría que cambiarse, además de eliminar o al menos hacer una evaluación rigurosa de ya más de dos décadas a ese sistema artísticamente disfuncional de canonjías y sobornos antes mencionado, es que la crítica especializada no obtenga financiamiento de la misma fuente que les paga a los artistas (es decir, en este caso, el gobierno): no se puede ser juez y parte. Nadie se atrevería a criticar al artista que a la vez funge como jurado del mismo sistema que te beca a ti. Es completamente absurdo. Los artistas ya no tienen críticos, sino paleros.  Esto ha generado una gran confusión entre el público y los lectores.

BN: ¿Cómo ves la participación de las mujeres en estos temas?

MH: Hace algunos años inicié una editorial en línea para escritoras mexicanas no becadas por el FONCA que se llamaba Miel y Amoníaco, e incluso instituí un premio de novela que constaba de mil dólares, los cuales pagué de mi sueldo. Las bases de participación eran completamente distintas de lo que el FONCA exige: tenían que haber leído por lo menos El Quijote o alguna otra novela clásica, y escribir sin faltas de ortografía. Lo hice así porque considero que las mujeres, precisamente por carecer de iguales oportunidades que los hombres, tenemos que exigirnos más. Esto desanimó a muchas que creían que estaba ofreciendo sólo dinero sin ningún mérito más que el saber presentar un proyecto, o sea, autopromocionarse —como hace el FONCA—, pero animó a otras. No tenían que presentar un currículum lleno de premios, mucho menos espurios. Y no sólo hubo quienes se animaron a participar, sino también —y esto creo que fue el logro mayor de mi iniciativa— a leer a los clásicos por primera vez, aunque no participaran. Me escribían y me contaban sus hallazgos. Además, las jurados tenían que ser estudiantes de la carrera de Letras, egresadas o con dos semestres estudiados, y no conocer a las concursantes. Se les entregaban los trabajos sin firma. Yo les pagaba por su contribución vía Western Union y hablaba con ellas por teléfono (de larga distancia, también pagado por mí). Además, no había perdedoras. A todas las participantes —incluida la ganadora— se les entregaba no sólo una evaluación, sino propuestas y recomendaciones para mejorar su trabajo, y se les decía que podían seguir mandando sus textos. Muchas se sintieron motivadas y sólo dos desilusionadas por las críticas a sus faltas de ortografía o a su falta de trabajo se indignaron, se fueron a pedir beca y terminaron de becarias del FONCA, lo que habla muy mal del FONCA, porque en mi editorial independiente sus ganadoras, al menos una de la que me acuerdo, fue reprobada por faltas elementales. Yo me pregunto: ¿cómo es posible que yo, casi sin recursos, y desde el extranjero, haya podido hacer lo que el gobierno con tanto presupuesto y las editoriales con sus premios espurios no han logrado? Poco tiempo después, el gobierno de Ebrard copió la idea, pero no la voluntad (eso es imposible), y más bien con la propuesta contraria, anunció la institución del Premio de Novela Elena Poniatowska para mujeres. Lo promocionó como el más cuantioso económicamente, pero en su primera edición tuvieron que dárselo a un hombre (Hernán Lara Zavala) por falta de participación femenina.

BN: Haciendo alusión a lo que decía Lennon respecto a que “Woman Is the Nigger of the World”, ¿aplica esto en el mundo literario?

MH: Alguna vez me escribió una mujer preguntándome que por qué exigía escribir sin faltas de ortografía en ese proyecto de Miel y Amoniaco que te mencionaba, y si no consideraba eso “racismo”. Yo le contesté citando la respuesta que dio el cineasta afroestadounidense Spike Lee, respecto al rigor artístico, en una entrevista que acababan de hacerle por aquellas fechas en el programa  The Actors’ Studio. Decía que él, precisamente por ser un artista negro, esto es, discriminado, tenía que exigirse el doble de rigor que los blancos. Tenía que estudiar el doble, trabajar el doble para hacer una película, experimentar el doble y esforzarse el doble que un director de cine blanco, porque vivía en un mundo en el que los negros no podían darse el lujo de esforzarse tan poco como un blanco, y que lo hacía, entre otros motivos, para abrir camino, para que algún día no resultara eso tan difícil para los negros. Le expliqué que lo mismo quería yo para las mujeres escritoras de México, y que la falta de rigor “porque son mujeres” sólo produce una condescendencia igualmente sexista. Es lo que ha generado, entre otros motivos —además de la corrupción— que casi sólo figuren las escritoras mexicanas más oportunistas y menos rigurosas, infladas por la publicidad, capaces de inventar una entrevista con Borges que no tuvo lugar o de plagiarse la Wikipedia… o a Malú Huacuja del Toro. Mientras tanto, la pauta sobre literatura acerca de mujeres la siguen marcando los hombres, con protagonistas narcas y putas (Pérez-Reverte, Xavier Velasco, etc.). A las mujeres que escribimos sobre mujeres y con protagonistas mujeres no se nos toma en cuenta. Pero seguimos tratando de esforzarnos el doble que los hombres porque, si no lo hacemos, el camino para la que sigue se vuelve aún más difícil. Y yo tengo la esperanza de que sí haya quien lo intente después, cuando se acaben estas mafias en México.

BN: ¿Las mujeres seguimos teniendo el famoso “techo blanco” o preferimos mantenernos en el confort?

MH: Una mujer que prefiere mantenerse en la comodidad no es escritora.

BN: ¿Cómo o cuál tendría qué ser la actitud de una o un artista frente al mundo?

No me siento con autoridad para pontificar sobre algo así, tal vez porque no soy hombre, JUAR (Jubilosa, Ultrasonora y Abierta Risotada).

BN: Leía que estás aprendiendo sobre el teatro del oprimido, cuéntame…

MH: El Teatro del Oprimido de Augusto Boal es una teoría teatral que estudié en mis años mozos, literalmente, cuando era casi adolescente (16 años). La conocí por mi cuenta, como casi todo lo que he estudiado, aunque asistía al CADAC. Posteriormente también oí hablar de ella cuando estuve tomando cursos en la carrera de Literatura Dramática y Teatro de la UNAM. Pero sobre todo la aprendí de manera autodidacta. Conocí grupos en México que buscaban aplicarla, pero se quedaban en la teoría o se peleaban y se deshacían. Curiosamente no es sino hasta ahora, en Nueva York, a mis 50 años, que me encuentro con un grupo que la aplica con riguroso apego y resultados excepcionales. Los conocí en una las actividades del movimiento Occupy Wall Street, en el cual he participado, y lo hacían tan bien que me interesó tomar un curso con ellos, no por otro motivo sino por el placer de aprender, como siempre, que es lo que me impulsa a hacer todo. Nunca había visto el teatro de Boal tan bien aplicado y en la calle, tal como él lo planteaba. Sé que se ha hecho muchas veces en gran cantidad de países y distintas épocas de la historia, pero a mí no me había tocado presenciarlo y tan bien hecho. Estos jóvenes estaban actuando e incitando a la gente a participar en un lugar muy concurrido donde es verdaderamente difícil lograr que la gente se involucre, o que por lo menos no se enoje de que le estorben el paso e incluso la inviten a deshacerse de su bolsa o lo que sea que vaya cargando, de todas sus pertenencias, sin temor a que se las roben, y ponerse a hacer estatuas humanas con otros transeúntes sobre la opresión, y a hablar de racismo, sexismo y homofobia, en la calle, en cualquier momento dado, pues con las prisas neoyorquinas eso es casi imposible.

BN: ¿Eres escritora exiliada del territorio y de las letras en México?

MH: No tanto como quisieran, me parece. Hay todavía bastante gente en México que sabe de mí y que me lee. Hay gente que consigue mis novelas en línea. Los intelectuales a los que he criticado no pueden impedirlo.

“actualmente la gente no distingue la diferencia entre ser becario, ser publicador de libros, conferencista, opinador de todo, y ser escritor”

BN: ¿Es mejor ser congruente aunque te lleven al exilio?

MH: Es mejor ser escritora aunque te lleven al exilio de no querer publicarte en las grandes editoriales, o al exilio físico por razones económicas, como fue mi caso. Y para ser escritora tienes que ser congruente con los valores estéticos que defiendes. En México hay toda clase de oportunidades para ser incongruente, y son tantas y tan jugosas que sus beneficiarios se olvidan de hacerse la pregunta: si la palabra no fuera tan importante, ¿se invertiría tanto dinero y recursos humanos en volverla incongruente? Si te arrancan los ojos, ya sabes de qué vas a vivir, ¿pero de qué vas a escribir? Cuando se te invita a participar en un sistema de canonjías cuya corrupción se te hace evidente desde el primer momento y la aceptas, tienes que cerrar los ojos ante muchas realidades. Ganas en todo, hasta programa de televisión te dan, te invitan a todos los coloquios y a todas las ferias de libros, pero pierdes los ojos y te acostumbras. En seguida, te conviertes en un ser rabioso que persigue de manera abierta o encubierta (con intrigas) y está dispuesto a destruir la trayectoria y la credibilidad de todos los que no han perdido los ojos. Me parece un precio demasiado alto para obtener un premio literario.

BN: ¿Regresarás a México?

MH: Siempre he estado ahí, aunque no físicamente.

BN: ¿Para qué escribir si no puedes (o sí) vivir de ello?

MH: Yo he vivido de las dos formas. En México viví de mi trabajo como escritora de historias de ficción durante cerca de 20 años. No muy holgadamente pero sí de manera estable, lo cual es mucho lograr. Viví en una época en la que no existía el CONACULTA. No sé si ahora sea eso posible porque el FONCA generó una confusión y actualmente la gente no distingue la diferencia entre ser becario, ser publicador de libros, conferencista, opinador de todo, y ser escritor. En mis tiempos viví en gran parte de algo que en aquel entonces se consideraba “ser un escritor vendido”: el guionismo. Ahora ya no se percibe como un género menor e incluso muchos escritores, narradores, dramaturgos y poetas incursionan en el guionismo.  Al ser “elevados” a una categoría superior, ahora los guionistas ya también perciben “becas” o “apoyos” del gobierno, lo cual es una desgracia para el propio guionismo, y una idiotez, pues queda sujeto a que aplique el mismo sistema de jurados y amigos que tiene el FONCA, cuando la gran escuela del guionismo —para mí— es que el escritor quedaba sujeto a la ley de la oferta y la demanda, incluso, entre los productores. Yo viví todos esos años de escribir porque había productores y directores que querían comprar mi trabajo, no “amigos que me quieren ayudar independientemente de mi trabajo para que yo les eche una mano después”. Dejé de vivir de ello cuando a mis múltiples empleadores y empleadoras se les dio la orden de no volver a contratarme, por motivos políticos. Pero también he vivido de trabajar en algo que no tiene directamente que ver con mi escritura creativa (de ficción), como lo hice cuando me acogió generosamente un periódico (El Financiero) como entrevistadora y como lo hago ahora en Estados Unidos, y escribo a deshoras. Lo puedo hacer aquí porque hay más fuentes de trabajo. No sé cuánto dure, pero nunca me ha dado miedo el trabajo. Respecto a tu pregunta, “¿para qué?”, creo que si me la hubiera planteado alguna vez, nunca habría sido escritora. ¿Para qué existe La lágrima, la gota y el artificio, o Un Dios para Cordelia? No sé. Que lo digan los lectores.

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16 Responses to ““Los artistas ya no tienen críticos, sino paleros. Esto ha generado una gran confusión entre el público y los lectores”: Malú Huacuja del Toro”

  1. Ilya Cazés

    Cómo hace falta la lucidez de una mujer como Malú, que sabe llamar a las cosas por su nombre, poner los puntos sobre las íes y el dedo en la llaga. La admiro.

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  2. Cristina

    una escritora conb una postura ética y política. no hay muchas en el mundo. todo mi respeto

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  3. Marco Rascon

    Excelente entrevista y de un lenguaje directo que seguramente a muchos aterroriza. Felicidades Malú y gracias !

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  4. Chris

    WooooW Exelente entrevista y todos mis respetos para Malú, ciertamente es una escritora como pocas de las que aún quedan. Yo actualmente intento buscar un apoyo para mis narraciones, sin embargo lo mencionado anteriormente por ella, aun sigue existiendo y ahora es mucho peor, porque a menos que seas casi, casi el “familiar” de estas personas, te dan una beca e igualmente el apoyo para crecer con los proyectos. Pero en verdad es admirabe sus palabras, gracias a ellas no me dare por vencido.

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  5. TEC

    Excelentes sus opiniones de esta gran señora, seguiremos leyendo su blog y buscando sus trabajos.

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  6. Miranda

    Buena entrevista, pero no puedo imaginarme a Malú pronunciando los nombres de esas dos podridas instituciones (fonca , conaculta) con mayúsculas.

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  7. Antonio

    jaja qué pinche ego tiene esta vieja, quien carajos se va a fusilar a esta zapatista transnochada …

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  8. Aura Aguirre

    ” Ya no usa las y los lectores” de acuerdo a la real academia. No por discriminación más bien por entendimiento del plural.
    Bien por esta entrevista
    Tienes correo electrónico y el de la entrevistada?…

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  9. Brenda Navarro

    A Malu la puedes encontrar en Facebook, tiene su perfil abierto y es realmente fácil comunicarse con ella. O a este correo, también publico: otroslibros@otroslibros.com
    No entendí tu comentario respecto a la RAE, mi entendimiento del plural abarca mencionar a las mujeres cuando es necesario, lo diga o no la RAE, pero gracias, siempre se toman en cuenta todos los comentarios.

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  10. Marcos

    Respeto su opinión, pero no la comparto, antes de hablar sobre el arte debería definirse ésta, ya que en verdad esta desapareciendo con eso del “arte conceptual”, poner un punto rojo sobre un lienzo y argumentarlo para algunos es “arte”, ese asqueroso minimalismo conceptual, libre de trazos realmente artisticos. Y sinceramente esta entrevista me parece que se trata de “Los fans de Malu” (que alaban cualqueir cosa que digan) y la gente que piensa y opina.

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