“Hoja de ruta”: imaginautas sobre ruedas

En Ciudad Juárez al transporte colectivo se le llama “rutera” debido a que cada una de las líneas que cruzan la ciudad tiene una ruta designada, ya sea por la zona geográfica o la colonia a la cual se dirigen. Es uno de los peores servicios de transporte de México. Los camiones son desechos y descontinuados, baratamente importados de Estados Unidos. Son grandes —llenan cualquier calle donde circulan—, ineficientes, incómodos y caros. El 25% —tal vez me quede corto— del sueldo de un trabajador de maquila es destinado a la transportación de ruteras. En una ciudad como Juárez, de climas extremos, subirse a una rutera a horas pico es un infierno: en verano, el calor asfixia a los pasajeros; en invierno, los contagios de enfermedades son comunes.

Pero, a pesar de los inconvenientes de la infraestructura, un grupo de poetas y escritores jóvenes vio la posibilidad de divulgar la literatura a través de lecturas en voz alta y con material impreso, unos cuadernillos fotocopiados que ellos han bautizado como “Hoja de Ruta”.  Dos domingos al mes, salen a la ciudad y hacen recorridos en ruteras con un solo propósito: buscar lectores, demostrar que en cualquier cambio social la literatura puede tener un papel relevante y, por qué no, dar esperanza a la gente en un ambiente violento y en un país condenado a la ignorancia. En la reciente Encuesta Nacional de la Lectura, México ocupa el penúltimo lugar, de una lista de 108 países, en lectura; existe sólo una biblioteca por cada 15 mil habitantes y una librería por cada 200 mil. Casi 50% de la población prefiere ver televisión en vez de leer; los jóvenes de entre 12 y 17 años dicen que los libros son aburridos; 61% de la población dice no tener tiempo para leer y 48% nunca ha visitado una biblioteca o una librería.

Ante cifras tan alarmantes y la inepcia del gobierno para solventar el problema, las iniciativas civiles han repercutido más en la sociedad que cualquier otro programa de gobierno. Por la falta de presupuesto, optan por medios innovadores, como la bibliotecas comunitarias, las lecturas en parques y las lecturas en ruteras. Y es que la rutera es el espacio idóneo para la promoción de la lectura: hay niños, amas de casa, obreros, vendedores, toda una demografía hambrienta de imaginación y que no puede comprar un libro del novelista de moda. Hoja de Ruta ha tenido tanto impacto, que obtuvieron una mención honorífica en el Premio Nacional de Fomento a la Lectura “México Lee” en la edición 2012, y en otras ciudades del país se ha copiado su proyecto, como en La Paz, Baja California, con “Letras de raite”.

Interesado por este tipo de movimientos, me parecía justo entrevistar a uno de los integrantes del colectivo, a Edgar Rincón Luna. Aquí nos platica sobre el origen de Hoja de Ruta, sus alcances y sus visiones. Sean bienvenidos a leer y, sobre todo, a compartir la lectura.


“Hoja de Ruta puede garantizar 500 lectores cada quince días, y eso es en números fríos, porque esa es la cantidad de cuadernillos que repartimos desde marzo de 2012”

FS: ¿Cómo surgió el proyecto Hoja de Ruta y qué los motivó para llevarlo a cabo?

ERL: Hoja de Ruta tiene su origen en el primer Encuentro de Escritores de Ciudad Juárez que fue en 2011; Antonio Flores Schroeder, Yuvia Cháirez y yo éramos los organizadores. Ellos querían incluir por lo menos una lectura en el transporte público, a mí esa idea no me interesaba, ya lo habían hecho otras personas en otros encuentros y nunca le vi una finalidad más allá de hacer un acto efímero y, debo decirlo, bastante ranchero, así que les propuse que un acto así debería ser algo permanente. Ellos aceptaron, pero aun así, en el primer boceto del programa de actividades, yo fingí demencia y no incluí las lecturas en el transporte público, alegué que teníamos una agenda bastante ajustada, que no contábamos con personal de apoyo suficiente y nuestra escasa logística no nos permitía organizar algo así.

Afortunadamente, le encontraron espacio, dos recorridos, uno rumbo a la biblioteca Ma’Juana y otro rumbo al monumento a Juárez, y digo que fue bueno porque eso nos permitió ver las fallas y los errores que se cometen en este tipo de actos. Ahí me di cuenta que era necesario que el pasajero tuviera a la mano el material que se le estaba leyendo, sin eso no habría una conexión duradera, la experiencia no se puede compartir ni extender a otros.

Un mes después nace Hoja de Ruta, eran unas hojas pequeñas (un cuarto de carta para ser exactos) impresas por los dos lados, sólo poemas, algunos de autores juarenses. Esa vez participaron estudiantes de la carrera de literatura de la UACJ, Cindy Rodríguez, Rafael Leyva, Diana Jael Torres, uno al que todos le decían Peter Punk, y la escritora Hilda Sotelo. Los muchachos traían sus libros, y estuvo bien, a Rafael se le ocurrió leer “No oyes ladrar los perros” de Juan Rulfo. A primera vista parecía muy mala idea, pero ese cuento conecta muy rápido con los juarenses, incluso un pasajero se movió de lugar para escucharlo mejor.

Después vino el día de los muertos y por medio de Escritores por Ciudad Juárez se hace una convocatoria para escribir calaveras. Participan pocos, pero aún así volvimos a las ruteras. Esa vez nos apoyó una actriz voluntaria que se caracterizó de catrina; nosotros también nos quisimos maquillar, pero para serte sincero en la calle parecíamos algo así como La Catrina y sus pandas tropicales. Aparte de eso sucedió otra cosa: a veces las calaveras que repartíamos no eran las mismas que leíamos en voz alta, y a la gente a veces le gustaban más las que leíamos y querían cambiarla… recuerda que eran pequeñas hojas impresas por los dos lados, sólo tenían dos calaveras, y a pesar de que la lectura fue divertida y original, ahí supe que las hojas eran un error, no funcionaban para lo que queríamos hacer.

Por eso, desde el 20 de noviembre de 2011, Hoja de Ruta se transformó en un cuadernillo. Ese día para conmemorar el aniversario de la Revolución Mexicana, se imprimieron 3 cuentos de Juan Rulfo, 50 ejemplares de cada uno: “No oyes ladrar los perros”, “Es que somos muy pobres” y “Diles que no me maten”. Recuerdo que al bajar de un camión donde leímos “No oyes ladrar los perros” una joven dijo: “estuvo suave la historia, hasta parece de Juárez”. Fue triste oírlo, pero el objetivo estaba cumplido.

FS: ¿Reciben apoyo de alguna institución del gobierno o privada?

ERL: Gracias a Perla García, integrante de Hoja de Ruta, tenemos un apoyo privado, pero que nos ha exigido respetar su anonimato; ese apoyo nos cubre el gasto de impresión, de las copias para ser precisos; en cuanto a la producción, diseño, edición, cortado, doblado y grapado corre por nuestra cuenta, mi familia y a veces los integrantes de Hoja de Ruta.

FS: Su proyecto de alguna manera apuesta por una introducción de la literatura en la sociedad. ¿Creen que este compromiso tenga que ver más con la divulgación que con la creación en este momento, en una ciudad como Juárez, en un país como México?

ERL: Pues en palabras llanas es algo así, pero más que una introducción es un acercamiento, es dar acceso a esa disciplina del arte, pero sin teoría, ni preparación alguna, sólo es compartir. Poniéndonos trágico-realistas, las verdades puras y duras son dos: los libros son caros, incluso los usados o los que están en remate, aunque cuesten 25 pesos, para alguien que gana uno o  dos salarios mínimos, no alcanza. Algunos dirán que para eso están las bibliotecas públicas, eso dicen los que nunca las visitan, pero mientras no puedas llegar caminando a una biblioteca, será un gasto también. Una familia de 4 personas gastaría 48 pesos en ir y regresar de la biblioteca, es casi un día de salario.

Entonces lo que hacemos es dar acceso a literatura de varios géneros, autores de varios países, que posiblemente sí estén en las bibliotecas, y también divulgamos trabajos de escritores juarenses que seguramente no estarán en las bibliotecas.

Y ya que toco el tema, muchos escritores dicen que la gente no lee, que a las lecturas siempre asisten los mismos. Pues nosotros vamos a buscar más lectores, tal vez al principio pensábamos igual, pero quien ha viajado en rutera sabe que es cansado, tedioso y a veces muy largo. Vemos la oportunidad ahí, en ese aburrimiento, aunque parezca extremo, para que la lectura sea una opción. Hoja de Ruta puede garantizar 500 lectores cada quince días, y eso es en números fríos, porque esa es la cantidad de cuadernillos que repartimos desde marzo de 2012. Supón que ese cuadernillo lo lee alguien más, o dos personas más, ya son 1500 lectores, pero me quedo con los 500, y ahí van niños, adultos mayores, estudiantes, profesionistas, obreros, amas de casa, un público que resulta imposible reunir en un evento literario.

FS: Recuerdo que en mí adolescencia en Juárez tenía muchos problemas para conseguir libros, en primer lugar, porque no me alcanzaba el dinero que mi madre me daba para comprarlos; en segundo porque por mi casa no había ninguna biblioteca pública en 30 kilómetros a la redonda; y tercero, la cultura de la lectura en una ciudad como Juárez es casi nula. Sin embargo, me las ingeniaba para buscar libros a como diera lugar. En última instancia y atendiendo a lo que mencionabas sobre el precio de los libros, ¿creen que el problema de la lectura en México se reduzca a una cuestión económica o intervienen otros factores?

ERL: Intervienen muchos factores, pero hay uno que los incluye a todos, la televisión y luego el radio, lo que se ve y escucha ahí es lamentable, pero es lo que hay, y mientras ellos insistan que eso es ¨lo que la gente quiere¨ pues la gente va a seguir pensando que es cierto.

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Portada de una Hoja de Ruta

Creo que cada lector tiene su historia, y los factores que intervienen en su afecto a los libros es individual, eso complica un poco la promoción de la lectura. En la casa de mi abuela paterna había libros, pero eran los que utilizaban mis tíos en la escuela secundaria; una de mis tías que fue maestra, nos leyó en voz alta algunos cuentos para dormir, aún recuerdo la versión original y terrorífica de Pulgarcito, y el cuento del El Príncipe feliz, y otra experiencia que recuerdo, es haberle insistido a mi madre que me comprara un libro para colorear, pero el dinero sólo le alcanzó para un libro que contenía nada más los cuentos de Corazón, diario de un niño, de Edmundo de Amicis: te diría que fue uno de esos casos raros donde la pobreza me arrojó la literatura en las manos, pero no fue así, en la secundaria detestaba los libros, en verdad lo detestaba todo, pero leí muy poco en ese tiempo.

Ya en la prepa, donde mi maestro de literatura fue Miguel Ángel Chávez Díaz de León, volví a sentir interés por los libros, recuerdo haber comprado una edición usada de Rayuela en 13 pesos, te estoy hablando de 1990, el vendedor quería 15, pero seguro pensó, “de dónde va a sacar 15 este muchacho de 17 años, y de dónde voy a sacar otro lector de esa edad”, así que asunto arreglado.

En resumen, un lector en México es raro, porque es difícil que su atracción por los libros sobreviva a una educación pública infame que usa los libros como castigo y no como un medio que te libere, te mueva las emociones y el pensamiento. En la escuela el libro es un instrumento de tortura, y qué mejor liberación a sus páginas opresoras que la televisión, que no exige concentración alguna.

Entonces, y para aterrizar este punto, tenemos que buscar la manera en que la lectura llegue a casa, se vaya colando y haga acto de presencia, así sea de la forma más pequeña e insignificante, pero que vaya tomando su espacio en las casas de algunos. Poco a poco se va lejos.

“un lector en México es raro, porque es difícil que su atracción por los libros sobreviva a una educación pública infame que usa los libros como castigo y no como un medio que te libere, te mueva las emociones y el pensamiento”

FS: ¿Cuáles reacciones han tenido de las personas en las ruteras? ¿Indiferencia, interés, rechazo?

ERL: Siempre hay interés, pero es gracias al tedio que viaja con todos, y en parte a la lectura en voz en alta, eso le da otro giro al acto, no sólo repartimos material de lectura, sino que lo leemos ahí también. No somos profesionales en la promoción de la lectura, pero intuimos que por ahí va la cuestión: no digas “lee” y no sugieras qué leer; no repartas libros y luego te vas corriendo, no, hay que decir “lee” y “lee esto” y “voy a leerlo contigo una parte y un rato, no importa”. Nosotros vemos a la lectura como un acto integral, una experiencia única, grupal, comunitaria, y ya entrado en términos exóticos, pues incluiría una experiencia democrática, para todos y sin distinciones.

El rechazo lo recibimos de los choferes, ellos son quienes deciden si leemos o no. A veces la gente no acepta el cuadernillo a pesar de la insistencia y aclaración de que es gratuito. He llegado a pensar que esas personas no saben leer, lo cual sería muy triste. Sólo en una ocasión me regresaron dos cuadernillos, pero fue una monja y el texto en cuestión eran fragmentos del Popol Vuh.

Anécdotas, cada domingo habrá una, los pasajeros dan las gracias, a veces algún inspirado te acompaña, como cuando leímos canciones de John Lennon, algunos compañeros me cuentan que hasta les han aplaudido y ofrecido dinero. Una que recuerdo es cuando publicamos el cuento de una muchacha de secundaria, había obtenido el 2º lugar en un concurso de cuento, organizado por la Red de Jóvenes de Juárez, yo fui asesor y jurado de ese concurso, y terminé dando un taller literario en esa secundaria. Lo que sucedió es que una semana después de distribuir su cuento en las ruteras, ella llegó con un cuadernillo, resulta que su padre viajaba en una de las ruteras donde se leyó su cuento. Si lo hubiéramos planeado, jamás hubiera sucedido.

FS: ¿Y las rutas o caminos que toman son siempre los mismos o cambian de dirección cada quince días? ¿Han recorrido toda la ciudad?

ERL: Siempre es el mismo recorrido, aunque no sean los mismos camiones: Plaza Juárez–Puente al Revés–San Lorenzo y Rio Grande, el mismo camino de regreso, 6 camiones en total y estos pueden ser: Kilometro 20, Poniente-Sur, la ruta amarilla, la Juárez Aeropuerto. Sí queremos tomar otros recorridos, pero necesitamos un guía, porque cuando hemos intentado otros rumbos se nos complica un poco. La Jilotepec es un recorrido excelente, bajas de una ruta y atrás ya está otra, pero sólo hemos hecho ese recorrido 2 veces, curiosamente la primera vez, y otra en agosto.

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 FS: ¿Cómo deciden qué texto imprimir o leer en los camiones?

 ERL: Aplicamos dos criterios, el primero es la fecha o temporada, aprovechamos que la gente anda con un ánimo específico. Para diciembre cuentos navideños, febrero poemas de amor, mayo pues obviamente poemas a la madre, abril pues cuentos para niños. Eso también ayuda a conectar con la gente. Tal vez no lo creas, pero hay personas que terminan conmovidas hasta las lágrimas con La vendedora de cerillos de Andersen. Una vez un señor les dijo a quienes lo leyeron que él tuvo una infancia similar a la del personaje.

A veces celebramos el aniversario luctuoso o el natalicio de algún autor que sea del gusto de la mayoría de nosotros, así hemos publicado a Mario Benedetti, Julio Cortázar o John Lennon.

Cuando no es temporada de nada, recurrimos a las mini-ficciones porque es un formato más que adecuado para las ruteras. Cuando esto sucede, me toca elegir, siempre me inclino por la mini-ficción, el relato corto, y mi criterio no es tan complicado, se trata de elegir un texto que sea claro y atractivo para la mayoría. Busco textos que sean emotivos, humorísticos, fantásticos, temas que estén presentes en la vida cotidiana, pero no quiere decir que elijo textos simplones o fáciles, sino textos que son cercanos a todos, con personajes que compartimos en común. Lo esencial es pensar que vamos a leer a un público variado con diferentes edades, creencias y ocupaciones. Cuido mucho que el texto en cuestión no sea ofensivo ni agreda a nadie, eso es todo.

FS: ¿Qué autores, géneros o temas han tenido más éxito con la gente o qué ha llamado más la atención de ellos?

ERL: Los poemas de amor no fallan, los poemas a la madre, algunas minificciones y también las fábulas, tenemos un cuadernillo que se llama “Fábulas fantásticas y sin moral…” los cuentos para niños, pero creo que casi todos los cuadernillos han tenido el respectivo interés de su momento. Nosotros lo vemos en las fotos, al momento de hacer la lectura es imposible ver quién o cuántos ponen atención, pero ahí, en las imágenes, vemos lo que ha sucedido: ver una foto con un camión donde 12 personas van leyendo muy atentas, a mí me sigue impresionando y nos demuestra que la actividad funciona.

FS: Tengo entendido que el proyecto se extendió a otros ámbitos más ambiciosos. ¿Cómo dieron con la idea de tener un congreso tanto virtual como presencial, tal vez uno de los más grandes en el mundo, como “Escritores por Juárez”? Platícanos de la organización, los logros, las ciudades que participaron y el futuro de este.

ERL: Primero debo aclarar que Hoja de Ruta surge a raíz del encuentro de escritores como una actividad permanente, ese fue el objetivo del primer encuentro, crear y organizar actividades permanentes, lecturas, talleres, eventos en lugares públicos.

El primer encuentro de escritores de Ciudad Juárez tuvo su origen en el homenaje póstumo a Susana Chávez, en ese evento asistieron casi todos los escritores de Juárez y, a pesar del triste motivo, el reencuentro fue grato. Esto generó el entusiasmo de unos cuantos en Facebook, y ya te imaginarás lo que sucedió: nada.

Pero Antonio Flores Schroeder, Yuvia Cháirez y yo decidimos que sí se hiciera algo, y entonces con apoyo del Instituto Chihuahuense de la Cultura, la UACJ, la URN y el periódico Norte se logró realizar el primer encuentro, al cual asistió el escritor español Uberto Stabile para presentar su libro y documental Tan lejos de dios, poesía mexicana en la frontera norte.

Al final Uberto se llevó consigo el entusiasmo de los tres y propuso que el encuentro cambiara su nombre a Escritores por Ciudad Juárez, esto con el fin de tener más proyección y tal vez algo más. Ese algo más se convirtió en la convocatoria mundial para realizar un recital internacional de poesía el 1 de septiembre de 2012, al final participaron más de 140 ciudades, la mayoría de España, unas 30 de México y varías de Europa, Latinoamérica y Estados Unidos. En Youtube puedes encontrar esas lecturas con sólo teclear Escritores por Ciudad Juárez, hay lecturas en Nueva York, en Tampa, en Chile, Tijuana, Varsovia.

Uberto también creo un blog, ahí colaboraron autores de distintos países y el movimiento y la reacción fue impresionante. Los integrantes de Hoja de Ruta participamos de distintas maneras, apoyo en la logística, traslados, obtención de apoyos privados y coordinación con escuelas secundarias y preparatorias, de eso se encargó Verónica Martínez, mi esposa, para ella era importante que los jóvenes asistieran al recital, el cual, en Juárez, se realizó en el CIBELES, un centro de convenciones bastante exclusivo en la ciudad y eso se logró con el apoyo de la Fundación Zaragoza.

Sobre el futuro, yo no puedo decirte nada. En el segundo encuentro trabajamos muy duro, porque el evento lo exigió, pero yo sigo sin ver el compromiso con la ciudad, suena mal que lo diga, pero lo que suceda en el mundo a mí no me da mucho calor; donde se requieren las acciones es aquí, así que terminado el encuentro, Hoja de Ruta se independizó y sigue por su lado. Nuestro plan de trabajo este año incluye la apertura de una biblioteca comunitaria en INFONAVIT Casas Grandes, que ojalá llegue a ser o por lo menos se acerque a los que es Ma’Juana del Colectivo Palabras de Arena. Será un espacio abierto al arte y al conocimiento; ya se imparten clases de ajedrez para niños y de música. Esperamos abrir un taller literario para jóvenes y otro tipo de talleres como el de dicción que imparte Norma Montoya, y otros de artes plásticas.

FS: Por último, Edgar, una pregunta que tiene que ver más contigo, pero que sin duda está relacionada con el proyecto. Yo sé que eres poeta y, en mi opinión, sin caer en la adulación, el mejor poeta de tu generación en Ciudad Juárez. ¿Sigues escribiendo poesía o te has dedicado al activismo solamente? ¿Cuándo veremos otro libro tuyo?

ERL: No caes en la adulación, porque es cierto. No te creas, siempre responderé igual a semejante halago: “si yo soy el mejor, cómo estarán los otros”. He escrito poco, algunas cuestiones mundanas, como la organización de los encuentros y un trámite migratorio, me tuvieron ocupada la cabeza por tres años. Aún así, hay un libro que pronto pasará al proceso de mutilación, la edición no fue suficiente, se llama Trenes para demoler un río, es de poemas, lo extendí intencionalmente para el Premio Chihuahua, ese fue mi error y horror, con decirte que de cariño le llamo “mi pequeño monstruo”; espero dejarlo bien este año para que ya no le hagan malas caras y lo publiquen, es cuestión de agregarle cuatro poemas y eliminar veinte o más. Aparte de eso tengo algunos poemas sueltos como animalitos paseándose por los archivos, ya los llamaré cuando los necesite.

Por otro lado, tengo la intención de regresar a mi blog de reseñas, y eso por salud mental, cada vez olvido cuáles libros he leído, y eso me preocupa. También estoy leyendo a los narradores del norte con la intención de conocer, pero más que nada, de fundamentar un texto que lleva por nombre El norte como condición: la literatura escrita en un entorno de violencia.


Hoja de Ruta está conformado por las siguientes personas:

Verónica Martínez – Administración
Edgar Rincón Luna – Asesoría y Diseño Editorial
Diego Rincón, Helena Rincón, Luis Pedro Arreola y Alejandra Arreola – Manufactura y Lectura
Perla García, Korina Rodríguez, Hilda Sotelo y Damián Salcido – Lectura y Distribución
Voluntarios frecuentes: Michelle Vasquez, Abraham Puente, Emanuel Marín, Armando Molina, Marco Antonio López, Cindy Rodríguez

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