La cacería de brujas

La terrible persecución que el Senador Joseph McCarthy lanzó en contra de la comunidad artística en las décadas de los 40 y 50 por su supuesta afiliación comunista dio por terminado con muchas carreras; algunos, en el mejor de los casos, continuaron trabajando con seudónimos, como por ejemplo, el del guionista que nos atañe: Dalton Trumbo, quien ganó dos veces el Oscar de la Academia, en una usando seudónimo y, en otra, Ian McLellan Hunter tuvo que fungir como prestanombres, aunque todo mundo sabía que era Dalton quien  había escrito los guiones.

La House Un-American Activities Committee (HUAC) fue la sede principal de acusación anticomunista y caldo de cultivo para las acusaciones, muchas de ellas sin fundamento, que contribuyó a la ruina de muchas carreras como la de Trumbo y obligando a otros incluso a un exilio para poder seguir trabajando, como Charles Chaplin, Elmer Bernstein, Bertolt Brecht, Aaron Copland, Dolores del Río, Dashiell Hammett, Arthur Miller y un largo etcétera.

Elia Kazan, uno de los más grandes directores de cine de todos los tiempos, fue una de las figuras complejas de este episodio conocido como la cacería de brujas. Él acusó a muchos compañeros de ser comunistas, así como a él se le había acusado de haber asistido a juntas comunistas varios años antes. Y es así como funcionaba: alguien nombraba a uno y esta persona se veía obligada a nombrar a otros con tal de “salvarse” de ser acusado por traición a los intereses y bienestar del país. Martin Ritt, uno de los directores acusados, dirigió una película en los años 70 llamada The Front donde describe muy bien el ambiente vivido, y donde Woody Allen actúa en un papel convincentemente serio y dramático.

En 1960, Kirk Douglas produjo y actuó en Spartacus con guión de Dalton Trumbo, el director fue Anthony Mann y, tras varios malentendidos con Kirk, éste despidió al director tras dos semanas de rodaje. El director sustituto fue Stanley Kubrick, con quien había trabajado en Paths of Glory un año antes. El rodaje fue tirante y lleno de un duelo de poder entre el director y el actor/productor, quien consideraba a Kubrick todavía novel; de hecho, Spartacus es la menos kubrickiana de sus películas, valga la expresión, y esto es porque no tenía el control total de la película, cosa que llevó a Kubrick a no repetir la experiencia.

Douglas Kirk y Kubrick

Dado que el McCarthyismo seguía vigente, aunque con menos fuerza represora, Dalton Trumbo una vez más no pudo aparecer en los créditos. Aprovechando la situación, Kubrick sugirió aparecer él como guionista en ellos y, como la relación con Kirk había terminado mal, el actor tomó una decisión arriesgada: anunciar y dar el crédito correspondiente a Dalton. Esto obedecía más, insisto, a la pésima relación que al final tuvo con Kubrick, y como Kirk no quería darse el crédito, prefirió decir la verdad, dando como resultado el final de la cacería de brujas. No hubo persecución por parte del HUAC. Cuando toda la comunidad artística vio esto, simplemente dejaron de esconderse. Y el McCarthyismo había terminado como terminan muchas historias similares, cuando  alguien simplemente deja de tener miedo.

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