La casa del incesto

House of incest (1936) fue el primer libro de ficción de Anaïs Nin, pero el segundo de su obra en ser publicado; su estudio sobre D. H. Lawrence: An Unprofessional Study vio la luz en 1932, siendo relativamente bien acogido por la crítica del momento (aunque Nin nunca tuvo buena estrella con su ficción: su descontento y decepción es conmovedor en las páginas de su diario, sobre todo porque enfrentó diatribas misóginas y traiciones de críticos con los que ella, además de cultivar amistad, se acostó, el más famoso siendo Edmund Wilson). House of incest fue publicado por la editorial Siana, proyecto que ella y Miller, junto con los amigos de éste, Michael Fraenkel y Alfred Perlès, habían soñado en Louveciennes (casa de Anaïs y Hugo, su esposo) y cuyo domicilio estuvo en Villa Seurat; el tiraje constó de 249 libros autografiados y numerados, en una edición cuidadísima de alrededor de 100 palabras por página.

En este poema en prosa, aún inédito en español y del cual se presenta aquí el primer capítulo, se resume no solamente un periodo de la vida de Anaïs en el proceso de su escritura (principios de 1930, en honor a June, la esposa de Henry Miller), sino también una fiebre creacionista importante. Titulado en un principio “Alraune”, y después con el subtítulo elocuente (que fue eliminado) A Fantasia of Nuerosis, el poema en prosa de Nin tiene una influencia surrealista determinante que le permitió exorcizar conflictos internos que venía arrastrando desde la adolescencia: el incesto (su padre, Joaquín Nin y Castellanos, músico y dandi profesional, abusó de ella cuando era niña tomándole fotos desnuda y, más tarde, cuando Anaïs ya era una mujer casada, se consuma una relación incestuosa entre ambos); la insatisfacción sexual en su matrimonio con Hugo Guiler; la tormentosa amistad con Artaud; sus deseos lésbicos materializados en June; sus amoríos y pasiones literarias con Miller; y sus avatares con los psicoanalistas René Felix Allendy (fiel seguidor de las teorías freudianas) y Otto Rank (secretario y luego hijo pródigo de Freud).


La mañana que desperté dispuesta a escribir este libro, tosí. Algo brotaba de mi garganta; me asfixiaba. Corté el hilo del que pendía y lo extraje de mí. Me recosté de nuevo, y me dije: acabo de escupir mi corazón.

Hay un instrumento hecho de huesos humanos llamado quena. Tiene origen en la adoración de un indígena por su amada: cuando ella muere, él hace el instrumento con sus huesos. La quena tiene un sonido más penetrante y evocador que cualquier otra flauta común.

Aquellos que escriben conocen el proceso. Yo lo concebí como si escupiera mi corazón.

Sólo que yo no espero a que mi amado muera.

*

Mi primera impresión de la tierra fue velada por agua. Soy de la raza de hombres y mujeres que ven todas las cosas a través de esta cortina del mar, y mis ojos son del color del agua.

Miré con los ojos del camaleón la faz cambiante de la tierra, miré con una visión anónima mi ser incompleto.

Recuerdo mi primer nacimiento en el agua. Todo a mi alrededor era una transparencia sulfúrea y mis huesos se movían como si estuvieran hechos de goma. Me balanceaba y flotaba, parada sobre mis dedos flácidos; escuchaba sonidos lejanos, sonidos más allá del alcance del oído y veía todo más allá de lo que el ojo humano puede. Nací llena del recuerdo de las campanas de la Atlántida. Siempre escuchaba rumores y buscaba colores perdidos, apostada para siempre en el umbral, atosigada por la memoria; caminaba a zancadas de nado. Cortaba el aire con aletas anchas y viajaba a través de cuartos sin paredes. Expulsada de un paraíso sigiloso, de catedrales trémulas en los pasajes de un cuerpo, como una música muda.

Esta Atlántida podía ser reencontrada solamente de noche por el camino del sueño. En cuanto el letargo cubría la naciente ciudad erecta, la rigidez del nuevo mundo, los más pesados portales se abrían deslizándose sobre suaves gongs lubricados: entonces se entraba en el mutismo del sueño. El terror y la alegría de los asesinos consumados en el silencio, silencio resbaladizo, límpido. La manta de agua tendida sobre todas las cosas sofocaba la voz. Un monstruo me trajo a la superficie por accidente.

Perdida en los colores de la Atlántida, tonos mezclándose unos con otros sin distinción. Peces de terciopelo, de organdí con colmillos de encaje, hechos de lentejuelas de tafetán, de seda y plumas y pelo, de costados barnizados y ojos de roca cristalina; peces de piel blanquecina y ojos de pasa, ojos como la clara del huevo. Las flores palpitaban sobre sus tallos cual corazones de mar. Ninguna de ellas sentía su peso, el hipocampo nadaba como una pluma…

Todo era un bostezo. Amaba la comodidad, la ceguera y el suave viaje en el agua a través de los obstáculos. El agua era un gigante que me cargaba sobre su pecho; siempre había agua para descansar, para transmitir las vidas y los amores, las palabras y los pensamientos.

En lo profundo de la tormenta dormí. Me movía dentro del color y la música como en el interior de un diamante líquido. No había fluir de pensamiento, solamente la caricia del flujo y el deseo se mezclaban, se acariciaban, viajaban, se atraían y vagaban: el fin  profundo de la paz.

No recuerdo haber tenido frío ni calor allí: ni dolor del hielo ni de la llama. La temperatura del sueño, sin fiebre, sin calosfrío. No recuerdo haber sufrido hambre. La comida se filtraba a través de mis poros invisibles. Tampoco recuerdo haber llorado.

Sólo sentía la caricia del flujo —flujo en el cuerpo de otro—, absorbida y perdida en la carne de otro, embelesada por el ritmo del agua, el lento latido de los sentidos, el movimiento de la seda.

Amaba sin conocimiento, andaba sin esfuerzo alguno en la tersura del agua y el deseo, respiraba un éxtasis disoluto.

Desperté al amanecer, arrojada sobre una roca. El armazón de una embarcación ahogada por sus propias velas.

Una versión de esta traducción fue publicada en la revista Levrel, en el invierno de 2012.

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4 Responses to “La casa del incesto”

  1. Antonio

    Es maravillosamente hermoso el pasaje que se puede leer d esta novela d Anaïs Nin. En mi opinión Anaïs fue una escritora extraordinaria, es una lástima que no sea más valorada y reconocida. Ojala alguien pueda avisarme si existe alguna edición al español d esta maravillosa novela-poema.
    He podido leer algunos fragmentos (tanto al español como al inglés) d esta historia, tanto en esta como en otras paginas y se me antoja mucho leer todo el texto.
    ¡Viva Anaïs!

    Responder

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