Cartas de fans a Mark Twain

Como saben, en Blog Indieo somos fans de las cartas y de cualquier otra tipología textual fuera de los ya establecidos géneros que consumimos con más frecuencia. Hoy precisamente les presentamos la reciente aparición de uno de esos curiosos libros que son una delicia para los que gustan del humor de Mark Twain: Dear Mark Twain: Letters from His Readers, editado por Kent Rasmussen. El propósito de la compilación, más que enfocarse en las cartas que recibía Twain, las cuales son muy absurdas y tontas la mayoría, demuestra una faceta más ácida del escritor, pues están acompañadas ya sea de sus respuestas o de los comentarios que anotaba al margen de las misivas. Dichos comentarios, como era de esperarse, son muy hilarantes y agudos. Recibía cartas de todo tipo, de fans que le rogaban por un autógrafo, de vagabundos que le pedían algunos dólares prestados, hasta personas que querían que les escribiera conferencias bajo otro nombre. Les traemos aquí algunos fragmentos traducidos junto con los comentarios de Mark Twain, pero pueden encontrar otros ejemplos por acá.

Querido señor Clemens:

Como esta carta se lo hará saber, me encuentro en la precaria situación de publicar un libro de tonterías dirigido al tonto público.

Siendo mi primer libro cómico, y con la poca experiencia que me respalda el género, necesito toda la ayuda posible. Quiero que los lectores sepan que soy conocido en el ambiente literario, por lo que mi propósito al escribirle es para pedirle algunas de sus palabras (sin importar que sean vagas o irrelevantes) firmadas con su nombre, Mark Twain. Es decir, algunos garabatos de su parte no le afectarán en nada pero sí me ayudarán en mucho. Por ejemplo, podría escribir algo así: “Vale la pena venderlo”. He aquí el propósito de mi carta.

Anotación de Mark Twain: “De alguien que probablemente tiene tanto cerebro como modestia en la misma proporción”.

Querido señor Clemens:

¿Cuánto me cobraría por escribirme una conferencia? Una que tome leerla alrededor de una hora con quince minutos. Que sea humorística y estimulante, pero no muy patética. Su pronta respuesta es obligatoria.

Comentario de Twain: “Idiota”.

Querido señor Twain:

Soy una niña de 6 años que ha leído todos sus libros desde el primero que publicó.

Tengo un gato llamado Kitty y un perro de nombre Pup.

Me gustan mucho los rompecabezas. ¿Escribió usted una historia para el Herald Competition?

Espero que por favor conteste mi carta.

Sinceramente suya,

Augusta Kortrecht.

Al percatarse de la caligrafía perfecta, Twain anota en la carta: “Penoso intento de un viejo por obtener un autógrafo”.

Muy amable señor Clemens:

Usted es rico. Perder 10.00 dólares no lo hará miserable.

Yo soy pobre. Hacerme de 10.00 dólares no me hará miserable.

Por favor, envíeme 10 dólares.

 Twain: “¡Oh, Dios!”

Algunas de las cartas sí las respondía, pero con sus acostumbrados reparo y acidez cuando los remitentes lo merecían, como la siguiente de una mujer que le ruega por 100 dólares a pesar de que tiene propiedades valiosas en el pueblo donde vive:

Le escribo porque acabo de leer sus apuntes biográficos y me pareció que, como usted salió de la pobreza y la oscuridad por sus propios talento y energía, podría interesarse en las vicisitudes de una pobre mujer, una que ha luchado por sí misma, sin otra ayuda, loable y honrosa, más que la de su pluma.

[…]

No sabe cómo rezo porque su corazón se apiade para ayudarme. En su cómoda casa (rica, afortunada, apreciada y amada) donde vive ahora, tal vez haya olvidado aquellos días de lucha. Pero le pido que los recuerde una vez más, por un instante, por el sufrimiento que alguna vez vivió en esos días, y tenga compasión de mí, porque mi aflicción es profunda y genuina y porque no sé a quién más invocar.

Respuesta de Twain: “Señora: ciertamente, su desgracia es capaz de conmover el corazón de las estatuas. De hecho, a la estatua entera si es que descansa sobre unos patines. He atestiguado su pobreza y miseria en muchos lugares que he estado, incluso lo he visto en mí mismo, sin embargo, nunca escuché de un caso como el suyo. No hay nada entre usted y la hambruna más que un mero lucro literario, un par de diamantes y algunas otras cosas, y los tres mil setecientos dólares que vale su casa. Cuánto debe sufrir. No conozco ningún remedio para un sufrimiento como el suyo. Algunos escritores recomiendan el suicidio en estos casos”. Twain juega con la palabra to move, que en español significa ‘mover’, ‘conmover’ o ‘emocionarse’, de allí que la estatua se conmueva y mueva al mismo tiempo por la desgracia de la señora.

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