La literatura infantil como filosofía de vida: entrevista con Ana Laura Ramírez

La casa de Ana Laura Ramírez es una de las más visitadas en Ciudad Juárez, será porque no es una casa más en el desolado paisaje de la ciudad, porque en su interior alberga, además de una de las familias más simpáticas que conozco, un oasis muy peculiar: una biblioteca que contrasta con el resto de la colonia, de la violencia, de la pobreza y del descuido con que el gobierno ha condenado a una zona, de las cientos que hay en esa ciudad, a la marginalidad. Cada que voy a Juárez, no pierdo la oportunidad de visitarla, no sólo como viejo amigo de Ana, sino también por ver cómo cada domingo una casa se transforma en una sala dedicada a promover la lectura entre los niños de la Colonia Virreyes, al sur de la ciudad. Y cada que voy, me encuentro con escritores y artistas locales, con pintores de Nueva York, con periodistas franceses, con diplomáticos del consulado estadounidense y un largo etcétera. Todos quieren ver el milagro que Ana Laura conjura cada semana: alimentar la imaginación de los niños que acuden a su casa cada domingo, a las 11 de la mañana, más puntuales que si salieran al recreo.

Hace tres años, cuando Juárez se convirtió en un campo de batalla, el más cruento de todo el país, debido a la guerra entre y contra los cárteles de la droga, Ana Laura Ramírez, con la ayuda de dos amigas suyas, Ivonne Ramírez y Susana Báez, iniciaron el proyecto comunitario Biblioteca Ma’Juana. Después de deambular por las colonias más necesitadas de la ciudad promoviendo la literatura infantil y juvenil, decidieron establecerse en un solo punto, y, a partir de un trabajo sigiloso, sin ayuda de ninguna institución privada o gubernamental, cambiar el paisaje de la colonia Virreyes. Montaron ese espacio de reunión en donde ahora se ofrecen, además de libros por préstamos para los niños, proyecciones de cine, obras de teatro, y una infinidad de talleres, entre ellos de cultivo, de fotografía, de actuación, de serigrafía, de cómic, entre otros.

Además de su tarea comunitaria, Ana Laura se prepara y actualiza cada que puede en su profesión. Acude a talleres —e imparte talleres en el DF y en casi todas las ferias de libros para niños del país—, estudia una maestría y se esfuerza por mantener su biblioteca bien surtida con todo tipo de libros infantiles y juveniles. En esta charla que tuve con ella, hablamos sobre el estado actual de la literatura infantojuvenil, las tendencias, los logros y las complicaciones del oficio de promotor de la lectura.


FS: Ana, una pregunta para entrar en el tema: ¿cuál es la situación de la literatura infantil en México? ¿Qué atención y qué apoyos recibe del Estado tanto en su producción como difusión?

ALR: La literatura infantil y juvenil (LIJ) ha tenido grandes avances en las últimas décadas. Se puede corroborar en las ferias del libro que se hacen cada año, las cuales son todo un éxito, entre ellas destacan la FILIJ, en el DF y la FILEC, en Puebla, que son de renombre internacional. Existen buenas propuestas desde las políticas públicas, incluso Chihuahua ya se sumó a la necesidad de instaurar una feria exclusivamente dedicada al sector infantojuvenil. No quiero decir que todo sea perfecto en el fomento a la lectura dirigida a ese público, sólo que hay cada vez mayores ofertas.

Sin embargo, creo que el gran problema de la LIJ es el mismo que han denunciado los escritores y los promotores que la trabajan: la academia, tanto docentes como estudiantes de literatura, siguen desdeñándola como si se tratara de un género menor, o la remiten sólo a los clásicos infantiles. Todavía no conozco ningún currículo universitario de literatura en México que incluya la literatura infantojuvenil como materia obligatoria. Claro que ello presupone un problema, porque la academia no está viendo en este público un potencial consumidor de literatura, lo que ampliaría la oferta de trabajo para los y las humanistas una vez insertos en el campo laboral.

Es decir, en el caso específico de la literatura infantojuvenil dentro del aula, suele utilizarse como una herramienta didáctica que auxilia en el aprendizaje de ciertas asignaturas en la educación básica —como puede ser el español—, pero no se aprecia como un motor para que los y las receptoras problematicen su realidad individual y colectiva. ¿Por qué? La respuesta es sencilla: quienes la imparten, generalmente no son especialistas en literatura.

FS: Creo que es más un problema de percepción, casi de prejuicio, así como lo planteas, ya que se relega a la literatura infantojuvenil a una función didáctica, no social ni psicológica en el desarrollo humano. Dime, si tuvieras la oportunidad de dar una clase de literatura infantil o juvenil, ¿qué es lo primero que le dirías a tus alumnos para desprejuiciarlos?

ALR: Partiría de una actividad sencilla, misma que desarrollo en talleres: en lugar de arrancar el programa con teoría, atraparía público con una actividad de cuentacuentos, cuidando en todo momento el proceso de reflexión y estético que conlleva. Sólo podemos desprejuiciarnos contra la literatura infantojuvenil leyéndola. Hay textos que nunca fallan, uno de mis favoritos para “romper el hielo” es La mala del cuento, de Vivian Mansour. El libro aborda la situación de una niña que se sobrepone a la muerte de su madre, mientras atraviesa los problemas cotidianos del fin de la infancia e inicio de la pubertad. Es narrado de manera inteligente y con un estilo desenfadado de humor negro. ¿Por qué utilizar esta técnica tan poco ortodoxa? Porque así será menos complejo para los receptores identificar paradigmas estéticos y sociales que serán trasladados después a la teoría.

FS: Últimamente el tema queer ha cobrado relevancia en las discusiones no nada más académicas, también políticas y públicas, como la legalización el matrimonio gay o la libre adopción de niños por parejas homosexuales, y la literatura infantil, es de sorprender, en vez de ocultar o ignorar el tema, lo aborda ampliamente. En tu opinión como promotora de la lectura, ¿es una apuesta arriesgada la literatura infantil con temática queer en México?

ALR: Definitivamente sí. El campo de la literatura suele asociarse a la función estética de la lengua y su función social ha tenido ciertos repuntes en la historia contemporánea, como puede ser en el caso de los estados que han sufrido dictaduras (Argentina, Chile, etc.); pero, lo cierto es que hay poco trabajo de análisis en relación a la literatura como un discurso y una práctica que favorece los cambios sociales y los cambios de mentalidad a corto plazo, dado que la literatura se presupone más como una herramienta vinculada a lo educativo, a los procesos escolarizados, y no a los procesos sociales dinámicos vinculados con el desarrollo humano.

Entonces, la literatura con perspectiva de género —en este caso queer— plantea un reto para los y las promotoras que nos hemos atrevido a manejarla, a pesar que el siglo XXI nos plantea un cúmulo de inequidades sociales, políticas y culturales; y que, por eso mismo, debería ser vista como un valor público. Cuando hablo de valor público no me refiero a su acepción subjetiva y moralina, sino a la responsabilidad social que tenemos los y las ciudadanas de respetar la diversidad.

Como dato curioso, no quiero cerrar esta respuesta sin mencionar que las comunidades en donde hemos llevado este ejercicio la han recibido maravillosamente, debido a que preparamos las sesiones con ejercicios de reflexión y con una estrategia previa de intervención. No obstante, hay quienes piensan que esta literatura está llena de escenas homoeróticas o androeróticas explícitas. Ello no es exclusivo de las humanidades, el discurso que me cautivó y animó para explorar este ejercicio lector fue una entrevista que le hicieron a las Kumbia Queers, donde el grupo argumenta que, si bien su prioridad es tocar punk, decidieron hacer cumbia para poner en jaque al sector “roquero”, que se jacta de ser progresista pero desdeña la cultura emanada del pueblo. Vi en ellas un loable ejercicio de humildad y tolerancia mezcladas con irreverencia; pero, sobre todo, una gran aportación social para el discurso con perspectiva de género que empodera a las comunidades desde su trinchera.

FS: ¿Qué función tendría la literatura infantil, sea de temática queer o no, en un contexto como el de Ciudad Juárez?

ALR: La función social y su praxis. Te voy a dar mi opinión desde un ángulo: la intervención comunitaria en contextos marginados. El colectivo Palabras de Arena, [1] en el libro Sueño de palabras en la estepa. Experiencias lectoras contra la violencia en Ciudad Juárez (2001-2010) ha documentado una serie de testimonios de trabajo comunitario desde las humanidades, y el resultado fue que, a pesar del éxito de estas actividades, a la distancia nos hemos percatado de la carencia de herramientas teórico-prácticas en el trabajo de campo desde los saberes de la literatura, por ello en este apartado interesa destacar la relevancia de cruzar fronteras epistemológicas que permitan al activismo cultural tener mejores herramientas para incidir en los cambios a corto plazo en el trabajo en comunidad y con grupos focales.

Una de las carencias teóricas que el colectivo Palabras de Arena percibió en la aplicación de proyectos, es que no teníamos formación para seguir una metodología de intervención comunitaria, pero a pesar de eso los proyectos siempre resultaron exitosos en el corto plazo; es decir, se lograba el objetivo central (crear un oasis espaciotemporal para las comunidades lastimadas por todo tipo de violencias), pero no contábamos con la teoría y la metodología para que la comunidad reprodujera sus propios espacios culturales; por ende, las comunidades no quedaban empoderadas.

Por citar un ejemplo, en Lomas del Poleo contribuimos con círculos de lectura y con talleres de literatura, pero a la vuelta de los años, y a pesar que se intentó implementar una ludoteca, no hubo el éxito esperado. Si en este momento quisiéramos hacer un seguimiento del aporte realizado en aquellas actividades, nos encontraríamos que se ha diluido y aparentemente no queda una huella en aquel trabajo fuera del imaginario anecdótico, necesario pero no suficiente. Sin embargo, estas experiencias eran ineludibles para poner el debate sobre la mesa: que los y las especialistas en literatura se preocupen por la función social de la literatura. En nuestro contexto fronterizo es un tema de reflexión que no debería seguirse postergando, como actores sociales estamos obligados éticamente a aportar en nuestras comunidades.

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FS: ¿Cómo ha sido la reacción de los niños hacia la literatura queer? ¿Has tenido problemas con los niños o con los padres de los niños?

ALR: No, todo lo contrario. He aprendido, junto con mis compañeras de Palabras de Arena —Ivonne Ramírez y Susana Báez— que cuando se trabaja en comunidad todos y todas debemos sentirnos incluidos en el discurso literario. La aplicación y difusión de la literatura queer no surge de un capricho de nosotras, sino de un diagnóstico social. La realidad contemporánea nos muestra que el modelo de familia hegemónica, patriarcal y heteroparental no es el único que cohabita en el mundo, que junto con él se han construido modelos de familia diversa.

Por lo tanto, cuando trabajas en comunidad —y disculpa que sea tan reiterativa en el trabajo comunitario— te enfrentas no sólo a la complejidad que presupone la humanidad, sino a la diversidad de familias que la conforman. En el proyecto permanente y autogestivo que tenemos desde 2010, la Biblioteca Independiente Ma’Juana, nos percatamos que un sector importante de los y las niñas asistentes a las actividades, pertenecían a familias homoparentales y androparentales. También ellos y ellas componen la comunidad, tienen derechos y obligaciones ciudadanas. Uno de sus derechos, es el acceso a la lectura.

FS: ¿Tienes alguna anécdota simpática que quieras compartir?

ALR: Sí, hay una en particular. El primer texto queer que leí en Ma’Juana fue Rey y rey, de Linda De Haan y Stern Nijland; conforme pasaban las hojas y avanzaba el texto, la mirada de los y las niñas asistentes era atenta. Un niño interrumpió la lectura para compartir que sus papás son “jotos”, así fue como les llamó, pero le costó trabajo adjetivarlos con esa palabra, porque durante la lectura ya había hecho un ejercicio crítico y espontáneo de respeto. El resto de los y las asistentes, lejos de burlarse como se presupondría en una cultura como la nuestra, escuchaban complacidos y se animaron a compartir la cercanía y el cariño que sienten por familiares, amigos y amigas de preferencias sexuales diversas.

FS: Sabemos mucho sobre los escritores mexicanos en el país por los blogs, las redes sociales, los encuentros y congresos, pero los autores de literatura infantil no aparecen en ningún lado. Pareciera que solamente en la academia y en los talleres para niños se escucha su nombre. Y los escritores más importante del momento, jóvenes o viejos, no atienden mucho el tema, a pesar de que en Latinoamérica antes sí había cierta tradición e interés por escribir literatura para niños. Se me ocurren ahora nada más Clarice Lispector, y mexicanos Jorge Ibargüengoitia o Carlos Pellicer, y hoy Yuri Herrera, quienes tienen algunos títulos para niños. ¿Qué opinas de esto?

ALR: Como te mencioné arriba, opino que las personas especializadas en literatura no hemos sabido explotar para bien todos los campos de la lectura. En mi sentir personal, puedo estar equivocada, pero las evidencias hablan por sí solas: los literatos y literatas se quedan en la aportación estética de la literatura. Se preocupan por producir libros que están destinados a permanecer en plática de tertulia o en el estante de amigos y amigas. No han visto en la literatura una empresa para formar lectores y lectoras. Sí, ¿por qué le tenemos miedo a ser empresarios o empresarias del arte? La literatura, como cualquier producto o servicio, no es ajena a la ley de la oferta y la demanda. No seamos ingenuos, la Feria del Libro Infantil y Juvenil tiene 32 años realizándose porque es redituable. Si no me creen pregúntenselo a Francisco Hinojosa, Elena Dreser, Guillermo Murray Prisant, J. K. Rowling, Suzanne Collins, Anne Rice, sólo por mencionar a algunos y algunas.

FS: Yo siempre he creído que hacen falta más talleres de promotores de lectura que de poetas o novelistas, ¿no crees? Los escritores siempre se quejan de la falta de lectores, sin embargo pocos se inmiscuyen en la dura tarea de promocionar lo que hacen. Estamos acostumbrados a creer que una presentación de libro es una divulgación de la literatura, donde el escritor se sienta, perora, lee y contesta preguntas del minúsculo público que asiste a esos eventos. De acuerdo con tu experiencia tanto en el norte como en el centro del país, ¿estamos mejorando en la profesionalización de promotores de la lectura?

ALR: Hay avances en la profesionalización de la gestión y política cultural, lo que por ende fortalece las políticas sociales. La UAM, por ejemplo, tiene una especialización y ofrece la literatura como terminal curricular. No quiero decir que se deben dejar de lado los talleres de creación, pero es necesario balancear las iniciativas donde se incentiven los procesos dinámicos de promoción de la lectura, porque con ello ganan las empresas culturales y la sociedad en su conjunto.

Ahora, respecto a lo que preguntas, si estamos mejorando en la profesionalización de promotores de lectura, considero que si bien hay iniciativas políticas interesantes, como son el Programa Nacional de Salas de Lectura, el IBBY y un sinfín de asociaciones civiles o colectivos, éstas no alcanzan a permear de manera transversal en todas las comunidades. La promoción de la literatura infantojuvenil, insisto, debe ser ofrecida en espacios académicos, pero también en acciones que incentiven su uso en los ámbitos de la educación formal e informal.

1. El Colectivo Palabras de Arena tiene alrededor de 11 años promoviendo la Literatura Infantil y Juvenil, y ante las violencias que se exacerban en Ciudad Juárez, nos hicimos acompañar de otros promotores culturales independientes. Nuestras acciones no son asistencialistas, pretendemos que vayan hacia la autogestión ciudadana y la organización comunitaria. www.palabrasdarena.blogspot.com

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8 Responses to “La literatura infantil como filosofía de vida: entrevista con Ana Laura Ramírez”

  1. Alfredo Narváez

    Hola. Está muy bueno el blog. Lo sigo desde hace poco y en general me ha gustado bastante. En algo más superficial, creo que el formato de letra que usas está un poco cansado para leer en la computadora. Yo siempre lo tengo que agrandar. Saludos.

    Responder
    • Francisco Serratos

      Hola, ya hicimos la fuente más grande. Ojalá puedas leerlo mejor. Si no, no dudes en volver a informarnos.
      Saludos y gracias por la lectura.

      Responder
  2. Diana

    Il gracias… me encantó este texto que has puesto de Francisco Serratos… Felicidades por la promoción del tema queer…saludos

    Responder

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