Obra teatral inédita de Nabokov

Acaba de aparecer en inglés, y esperemos que pronto en español, una obra inédita del escritor de origen ruso Vladimir Nabokov, pero esta vez no se trata de un bosquejo ni de una novela inacabada, sino de una pieza teatral escrita en su juventud. The Tragedy of Mister Morn, título de la obra en inglés y traducida por Thomas Karshan y Anastasia Tolstoy, fue escrita entre 1923 y 1924, cuando el autor contaba con 24 años de edad. El manuscrito había permanecido solamente como guión teatral, hasta que en 1997 apareció en una revista literaria en Rusia, y editado formalmente en 2008. Como anota el crítico Michiko Kakutani, en La tragedia del señor Morn Nabokov lidia una vez más con su odio hacia la Revolución Rusa, la cual desbancó a su familia de su fortuna y la obligó a exiliarse en Berlin, donde Nabokov sobrevivió dando clases de inglés, francés y de tenis. Allí su padre fue asesinado por un conflicto político. La obra, por esta razón, expresa más que ninguna otra su recelo por la Revolución: es la historia de un rey que logra mantener su territorio en paz a pesar de la obstrucción de un grupo rebelde de revolucionarios. Sin embargo, Míster Morn se enamora de Midia, la esposa de un rebelde exiliado, quien regresa al reino y encuentra las cosas en calma y decide renunciar a la lucha. Cuando se entera del affaire de su esposa, sacrifica la paz social por la venganza. Morn pierde el duelo y decide suicidarse, pero en vez roba a Midia y se exilia a una país mejor.

Fragmento del texto de Kakutani:

There are more quicksilver twists and turns in this hectic play, as Nabokov lobs in reversals of fortune and sudden changes of mind. His main characters all speak in distinctive voices — a testament to his gift for parody and pastiche — but there are layers of disguise and illusion. Not only is Morn’s identity as king a secret, but Ganus also dons the costume of Othello in order to spy upon his faithless wife; and Tremens suffers from some sort of delirium, a metaphor perhaps for the madness and violence he wants, as a revolutionary, to inflict upon the country.

These people often seem like flat Pirandello-esque creatures, moved about by the author as chess pieces in a mirror game played out between reality and art, the actual and the imagined. For that matter, the play is framed by the suggestion that it is actually the dream of a mysterious character named the Foreigner, who hails from a place very much like Russia suffering from the throes of revolution, and who seems to have created the king (or the idea of the king) as a kind of fantasy — as a fairy-tale antidote to what happened in his homeland: “In our country all is not well,/not well … When I wake up, I will tell them what a magnificent king I dreamt of.”

Such tales within tales, celebrating art and artifice and the imagination, would become a centerpiece of Nabokov’s mature work, and this fleet-footed, if at times heavy-handed play provides a road map to what this dazzling sorcerer of words would later create.

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