Cacería de la crítica

Es lugar común hablar de los críticos literarios como escritores frustrados. Sin embargo, nunca se habla de escritores como malos críticos. El panteón mexicano está plagado de ellos: desde algunos ensayos de Paz (ojo: dije algunos, como el que le dedicó a López Velarde, donde no dice nada relevante, además que él reconoce que se han escrito mejores estudios, académicos la mayoría, sobre el poeta), hasta los reseñistas oficiales que adornan las revistas culturales. El modelo de crítico en nuestro panorama es Alfonso Reyes, quien se dedicó al estudio de la literatura fuera de cualquier pretensión imputada y escribió libros monográficos (no compiló reseñas) acerca del tema. Después de él, todo es academia, carnicería, envidia, frustración. Los escritores son dueños celosos de su oficio. Nadie puede decir la verdad de la literatura más que aquel que la conoce desde dentro.

Por lo regular, el crítico mexicano sigue un programa: primero es escritor, después crítico; primero publica su novela o poemas para después lanzar una obra crítica sobre algún escritor que le interesa o que lo ha influido. Optar por una inversión del orden es condenarse a un olvido o poca atención por parte del público lector. Así, la crítica mexicana vive en una encrucijada, porque dentro de esta lógica, se desprecia al lector de a pie, se desprecia cualquier interpretación extra poética, se desprecia la seriedad académica. Un Barthes, en el sentido pleno de su persona como intelectual público, como académico y como crítico, siempre lo he creído, es imposible en México. El oficio crítico sigue siendo un ostracismo practicado nerviosamente y atendido en la solemnidad de los salones de clase —a veces.

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Pienso en todo esto mientras hojeo el último volumen de Viktor Shklovsky titulado A Hunt for Optimism, publicado por Dalkey Archive Press. Famoso como teórico y crítico del formalismo, la obra literaria del ruso ha sido desempolvada en inglés desde hace más de una década, descubriendo, para los que estamos interesados en la crítica literaria seria (y no reseñística), a un escritor pleno: cultivó el ensayo, la biografía (Tolstoi, Mayakovsky, Stern), las cartas, el diario y la narrativa. Shklovsky fue un crítico ligado a las vanguardias del siglo xx, como Barthes al Nouveau Roman, y cambió la manera de leer y entender la literatura en Occidente (tanta fue la importancia del formalismo que el régimen socialista obligó a algunos de sus colegas, el más famoso Roman Jakobson, quien se unió al Círculo Lingüístico de Praga, a exiliarse). Los momentos más grandes de la literatura en todas las naciones, dijo una vez Salvador Elizondo, no existen sin un ejercicio crítico y analítico igual de revelador, no como explicación, sino como diálogo. Lo que Barthes fue para Robbe-Grillet y lo que Sainte-Beuve para Victor Hugo, Shklovsky lo fue para Mayakovsky.

De hecho, como anota el traductor Shushan Avagyan, A Hunt for Optimism debe su título precisamente a la tristeza que dejó el suicidio del poeta en Shklovsky. Durante los últimos años tuvieron discrepancias en cuanto al manejo de la revista LEF (Left Front of the Art, por su nombre en inglés), la cual Mayakovsky transformó en REF (Revolutionary Front for the Arts) y la mandó a la quiebra. Su reconciliación no fue total, por lo que Shklovski sintió cierta culpa que intentó purgar al escribir este libro. En el fondo, Shkolvski sintió que su comprensión hacia el poeta no fue suficiente. Muchas de las historias de A Hunt tratan precisamente de injusticias, incomprensión y burlas públicas hacia escritores, como la de Marco Polo, quien es enjuiciado por sus libros de viajes y, para poder ser absuelto, debe aceptar públicamente que todo lo que escribió es mera fantasía, delirio. En el posfacio, “Just a few more words—from myself”, la cual es una pieza poética memorable, resume la idea que ya había esbozado en una carta a Titiánov, justo después de la muerte de Mayakovsky: “He carried his heart in his hands as a live bird”, pero por esto mismo humillado y ridiculizado por la política y los demás escritores de su tiempo.

Shklovsky estaba trabajando en su libro desde años antes, pero el suicidio de su amigo lo obligó a cambiar el estilo con que estaba trabajando, teniendo como resultado una prosa accidentada, parca, pero irónica. En el “prefacio a mitad del libro”, advierte al lector: “As for unity of the book —it is often an allusion, just like the unity of a landscape”. Se mudó del plano de un apartamento al mapa del mundo. No hay unidad, las historias que conforman el libro son inacabadas, futuristas, bosquejos, folletines, piezas periodísticas, recuerdos, fragmentos que hablan de divorcios, de paisajes destrozados por la guerra, de la Guerra Civil (1917-1922), hasta las reuniones que los futuristas tenían en las sótanos de los cantinas (primeros trazos de su libro más famoso, Mayakovsky and His Circle). De esta forma A Hunt for Optimism está compuesto por cinco partes, dos prólogos, uno al principio y otro en medio, y un posfacio. “So I am montaging stories with prefaces”, lo resume Shklovski.

La crítica inglesa ha recibido el libro muy bien y con mucho enfoque en la cuestión social que, en efecto, marcó el trabajo de Shklovsky y sirvió como testimonio de dos momentos de la historia rusa, el antes y el después de la Revolución. No obstante, deja de lado el riesgo estético que atraviesa todo el libro. Uno de los críticos paradigmáticos de la historia escribiendo un libro fresco y a la vez extraño, inclasificable, y, aun así, dentro del programa poético que él mismo ponderaba. A Shklovsky se le debe la teoría del extrañamiento basada en un fragmento del diario de Tolstoi. Para el crítico ruso, la literatura no tiene una etapa preverbal, un referente que antecede el acto de la escritura, sino que el objeto o la realidad devienen con el estilo. Un filtro: la poesía nos redescubre el mundo empolvado de monotonía e ideología, nos libera de la administración funcional del lenguaje.

A Hunt for Optimism es ameno, con saltos narrativos e intervenciones del autor que sorprenden por su desgarbo; nos descubre el aspecto lúdico del crítico, lejos de esa aura anquilosada que la historia literaria siempre le ha endilgado. Me atrevo a decirlo, lo humaniza, mas no como un ente frustrado, incapaz de competir con el verdadero poeta, sino como un individuo con una concepción igual de compleja. Ambos se dirigen al mismo lugar, pero por diferente camino. La creación como la crítica, me parece, nos ofrecen a final de cuentas una visión del mundo en distintos grados de intensidad. Es un diálogo sobre la realidad.

Y se preguntarán, para cerrar, por qué mi introducción no tiene nada que ver con el libro del que hablo. ¿Por qué tiro balas al aire y por qué caigo en absolutismos? Dirán que sí hay críticos literarios en México, que sí hay una discusión seria sobre la literatura, que sí tenemos una tradición crítica decente. No lo voy a negar. Sin embargo, espero que después de leer lo anterior sobre Shklovski haya respondido esas preguntas.

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7 Responses to “Cacería de la crítica”

  1. camarondespierto

    Cada que pierdo la fe en la crítica literaria, encuentro un texto como este que devuelve luz sobre ese papel ingrato pero importantísimo que cumple la crítica. No sé si se la hija bastarda de la literatura, como suelo escuchar que la llaman, pero prefiero creer que es literatura, pero que hay muchos críticos y reseñistas que crean bastardos y lo adosan al género. ¿Cómo identificar qué es crítica y qué no? Leyendo libros como el presentado, y artículos que dan claves para eso, como este artículo. Gracias.

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  2. Francisco Serratos

    Hola, muchas gracias a los dos por la lectura y la discusión.
    Y, en efecto, yo no hablaría nada más de Cuesta, también de Villaurrutia, de Ortiz de Montellano (quien me gusta mucho como ensayista), también de Elizondo, de Pacheco, etcétera, pero el problema es que todos ellos fueron escritores antes que “meros” críticos. Ahora tenemos a Evodio Escalante, a quien sí respeto como crítico, a Sheridan, a Domínguez Michael (a quien… puff) y a otros miles de reseñistas que pueblan los periódicos y revistas culturales.
    Saludos y gracias por abrir la discusión.

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  3. laputahistoria

    Cuestión interesante, la crítica literaria, que no he logrado entender bien. Creo que me falta leer a esos autores que señalas, para que los compare con los reseñistas que conozco, esos de nuestras revistas culturales.

    Felicidades por el blog.

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