Mercedes Roffé, editora

Mercedes Roffé es una excelente poeta, eso lo sabemos, y yo agregaría aun otro adjetivo: incansable. Su actividad literaria cubre todas las ramas que el oficio de escritor contemporáneo pudiera desear o escoger: es profesora, traductora, ensayista y editora. Una inmersión total en el mundo de la literatura.

Blog Indieo se dio a la tarea de contactarla por correo electrónico para charlar sobre un aspecto muy poco abordado en la carrera de Mercedes Roffé (Buenos Aires, 1954), que es su papel como editora de Pen Press, la cual fundó en 1998. La primera plaquette (su catálogo está conformado básicamente de plaquettes y pliegos) fue de la poeta Patricia Guzmán, y después la lista de autores se engalanó con los nombres más reconocidos de la poesía latinoamericana (Raúl Zurita, Elsa Cross, Rafael Courtoisie) y anglosajona (Anne Waldman, Jerome Rothenberg) y de poetas de otras lenguas: Lorand Gaspar (Rumania), Haroldo de Campos (Brasil), Antonia Pozzi (Italia), Bejan Matur (Turquía), solo por nombrar a unos cuantos. Pero es mejor escuchar a ella hablar sobre su experiencia y de sus ideas acerca del mundo editorial de hoy.

FS. Mucha de la actividad editorial de América Latina se ha producido en el extranjero, ya sea con editores que migraron o, más común, con los exilios de grandes escritores que por cuestiones políticas o ideológicas vagaron y escribieron fuera de sus países de origen. Sin embargo, estas obras escritas en el extranjero repercutieron grandemente en los cánones nacionales y continentales. Argentina es un ejemplo magistral en este sentido: Saer, Gelman y Gola, por decir algunos, aunque escribieron en México o París, se insertan y cambian el estado de la literatura argentina. Lo que me interesa preguntarte, Mercedes, es qué función tiene, una vez terminada esa debacle política que caracterizó y marcó a varias generaciones de escritores, fundar una editorial en el extranjero y si piensas que estas obras dialogan con lo que se produce a escala nacional.

MR. Tu pregunta toca varios aspectos de ese mundo fascinante que es el mundo editorial —en especial, esa parte del mundo editorial que gira sobre un eje paralelo al de la literatura. En principio, es verdad que hubo algunos editores latinoamericanos que emigraron y continuaron su actividad en el extranjero. También es verdad que antes se produjo la llegada de varios libreros y editores españoles que fueron decisivos para Latinoamérica. Pienso en algunas presencias, como la de Gonzalo Losada en Buenos Aires, y en la manera en que su labor editorial contribuiría a delinear el mapa intelectual hispanoamericano de todo el siglo y, de alguna manera y desde la distancia, también el mapa literario e intelectual español. Una tarea que fue decisiva no solo por los autores en lengua castellana que publicaron, sino también por la ingente empresa de traducción que significó y que nos permitió acceder a algunos de los autores —sobre todo europeos— más relevantes del siglo.

También es verdad que hubo y sigue habiendo un significativo número de escritores argentinos que compusieron (o componemos) la mayor parte de su obra fuera de Argentina: Luisa Futoransky, Juana Bignozzi, Cortázar, Luisa Valenzuela, Daniel Moyano, Bianciotti, Cozarinsky, Copi…

Todos ellos cambiaron, de alguna manera, el estado de la literatura argentina y, por ende, el estado de esa lengua enormemente amplia y rica que compartimos. Pienso que toda escritura, en tanto tal —es decir, en su unicidad—, es una incisión en esa materia maleable que es la lengua común, especialmente la lengua literaria.

En cuanto a la parte de la pregunta más dirigida particularmente a mí como directora de Ediciones Pen Press, te comento que ni mi decisión de vivir en los Estados Unidos ni la fundación de Pen Press en 1998 tuvieron mayormente que ver con las debacles políticas de mi país. Me radiqué en los Estados Unidos en 1985, cuando la Argentina ya había vuelto a sus cauces democráticos y casi podría decir que fue gracias a esa reestructuración del país que pude darle en ese momento un determinado rumbo a mi carrera y a mi vida.

Y Pen Press se funda a fines de 1998, de modo que, en verdad, siento que no sería apropiado relacionar el comienzo de este proyecto con alguna situación en particular que estuviese viviendo la Argentina. Por lo que tampoco pensé que su función cambiaría a partir de la recuperación económica que vivió el país años después.

Creo que el nacimiento de Pen Press se inserta en un momento en que estoy viviendo en Nueva York y los poetas norteamericanos se dan a la tarea de historiar su propia trayectoria como editores de proyectos alternativos, desde los años 60 en adelante. Pienso en hitos como la muestra “A Secret Location on the Lower East Side”, que se llevó a cabo ese mismo año en la Biblioteca Pública de Nueva York, y la publicación de Granary Books que la acompañó. Ahí es cuando visualizo una historia bastante similar e igualmente rica en el mundo de habla hispana: es decir, una larga y valiosísima tradición de editoriales alternativas que desde décadas atrás venían publicando, tanto en España como en Latinoamérica, la mejor vanguardia poética en ediciones artesanales con los más diversos diseños y medios de distribución. Pen Press se insertaría en el cruce de esas dos historias. Si bien más definitivamente enraizada en la línea hispanoamericana.

En cuanto a dialogar con lo que se escribe en Argentina, claro que sí. En realidad, la idea de Pen Press siempre fue dialogar y dar la mayor circulación posible —tanto en Latinoamérica como en España— no solo a la poesía que se escribe en Argentina, sino a todo aquello que en el ámbito de la poesía contemporánea nos resulta destacable. De eso creo que nuestro catálogo da buena cuenta.

FS. ¿Y cuál fue tu propósito en mente cuando fundaste la editorial? ¿Qué apoyos tuviste y cómo fue el proceso de montar una editorial en español en un país de lengua extranjera? ¿Fue difícil?

MR. No, no fue difícil, fue muy lindo. Los apoyos que tuve fue la confianza de los poetas que me dieron sus manuscritos, de los amigos que me entusiasmaban a terminar de darle forma al proyecto, de los que compartían conmigo la pasión por los papeles bellos o me decían qué tipo de grapadora debía tener, e incluso el de aquellos que, no compartiendo en absoluto esas pasiones, me tenían una paciencia infinita para dar vueltas por todo New York buscando cartulinas.

En el caso de Pen Press, el propósito inicial no fue tanto dar a conocer poetas que aún no hubieran accedido a publicar en otros medios, sino más bien darles a los poetas que más nos interesaban cierta circulación por otras vías, más flexibles que las de la distribución comercial.

FS. El editor es un curador: invariablemente desecha y escoge las obras que desea publicar, que considera que el mundo debería leer. ¿Tú estás a cargo de la selección de las plaquettes y los pliegos de poesía, o hay alguien más que te recomienda o ayuda con la curación de los textos a publicar? ¿Cómo es el proceso de publicación?

MR. Todo proyecto de este tipo significa alguna forma de elección, de selección. Casi diría que la mayoría de las veces es esa posibilidad de elección y de selección lo que pone el proyecto en marcha. De ahí el tan mentado cliché: “nuestra revista/editorial/galería… viene a llenar un vacío”, etc. etc. Como supiste muy bien al iniciar este blog, de lo que se trata es de ofrecer algo que, en principio, uno habría querido que ya existiera.

Desde el principio Pen Press se propuso ir construyendo un catálogo por invitación. Es decir, la editorial invita a los poetas que queremos publicar. Tal vez en este sentido nuestro proyecto esté más cerca de algo así como una “Biblioteca Pen Press” que a muchas colecciones de poesía que —en la mayoría de los casos— se van articulando de acuerdo con las propuestas que le van surgiendo al editor.

Para ir construyendo ese catálogo (o esa “biblioteca”, si se quiere), no solo cuento con el apoyo de un grupo de poetas-lectores, sino también con un número de selectísimos poetas-traductores en los que confiamos para que nos propongan aquellos poetas de otras lenguas que piensan que podrían interesarnos. En este sentido, la colaboración de los traductores es fundamental, en la medida en que son ellos los que tienen acceso a lecturas que a nosotros nos serían inalcanzables. Porque por lo general publicamos a aquellos poetas que no fueron antes traducidos al español (Leonard Schwartz, Anne Waldman, Antonia Pozzi, Amelia Rosselli, Attilio Bertolucci…), o cuyas traducciones casi no se conocen o no han circulado (Lorand Gaspar, Jerome Rothenberg, Roberto Piva).

FS. En una entrevista del 2003 te mostrabas optimista en cuanto a la recepción de la poesía en el presente. En este momento, como editora de poesía, ¿sigues siendo optimista frente a la devastadora avalancha mercadotécnica que promociona a la novela con premios y becas internacionales? 

MR. Por un lado, creo que no tiene sentido comparar “la recepción” de la poesía con “la comercialización” de la novela. Mucho menos mostrarse optimista o pesimista a partir de allí. Son dos tipos de propuestas distintas, dos expectativas distintas, y dos formas de circulación también distintas. Los intereses que están en juego también son otros. Las inversiones que están en juego también.

Lo cual no quiere decir que haya algo intrínseco en la poesía (algo en “su esencia”) que la haga no comercializable. Hablo más bien de las condiciones tal como se dan en la realidad, en este momento. No hay por qué pensar que el día en que alguna empresa decida laminar las paredes de los autobuses con el anuncio de un libro de poesía, ese libro —así se trate de The Bridge de Hart Crane— no se venderá tanto como podría venderse una buena novela.

Es decir, por un lado resulta enormemente seductor y romántico regodearse en el famoso dictum: “la poesía no se vende porque no se vende”. Pero la verdad es que no estoy tan segura de que esa sea la única razón por la cual los libros de poesía no se venden tanto como los de narrativa. Creo que la propaganda y el capital que se invierte en publicidad es un factor determinante en nuestros días y que de por sí coloca a esos dos géneros en dos mundos aparte. Con esto no quiero decir que ese capital pueda “comprar a los poetas”, lo que sin duda haría de todos nosotros seres muy despreciables. Lo que sí pienso es que cierto capital —invertido en publicidad— podría vender —de manera muy legítima— muchísimos más libros de poesía.

FS. Me resulta interesante que hables ya de una separación de la poesía y la novela (podríamos incluir el ensayo o el teatro también) tanto en su forma de circulación como de propuestas. Pareciera que la literatura (su concepto general al que estábamos acostumbrados) se desgaja en la medida que pasa el tiempo. Cada género se ha transformado en una disciplina autosuficiente, tanto que la divulgación de la poesía ha sobrevivido gracias a editoriales pequeñas e independientes (al menos en el caso de México) y no a las editoriales que más escaparates ocupan en las librerías. ¿Cuál sería la tarea, desde tu perspectiva, de editoriales como Pen Press en el mercado editorial de hoy?

MR. Creo que la respuesta radica en subrayar que Pen Press no se arroga una tarea dentro del mercado editorial. Pen Press no es un proyecto comercial. Por lo tanto, lo de “mercado” no se aplica. Lo que le interesa y donde se ubica es en un cruce de intereses específicamente literarios, y centrados casi exclusivamente en la tradición poética. En la tradición y sus vanguardias, si se quiere, para no dar lugar a malentendidos.

Es verdad que Pen Press llega a algunas librerías y que su página web incluye una librería virtual. Pero es más bien para facilitar la llegada de la plaquette al lector. No hay ninguna ilusión comercial detrás de esas opciones.

En cuanto al primer punto de tu pregunta, quiero aclarar que en mi caso —y creo que muchos poetas coincidirán— no veo la poesía y el ensayo literario o filosófico como géneros tan alejados. Creo que se complementan. También las entrevistas (en-tanto-que-poéticas) es un género que me encanta, y que para mí resulta complementario a la lectura de poesía o —en el caso de las entrevistas a artistas plásticos— a mi pasión por su obra visual.

Pero otra vez, como ves, estoy hablando de la experiencia y el placer de la lectura. No de la circulación de esos géneros en el mercado.

FS. Las editoriales independientes tienen un papel destacado en la promoción de voces nuevas. Las editoriales más importantes de habla hispana casi siempre van a lo seguro, publican nombres, pero las independientes arriesgan más. De hecho, son más experimentales. Como editora, y sobre todo como traductora, ¿qué crees que se ha descuidado en este sentido? ¿Qué vale la pena rescatar?

MR. Como editora de Pen Press sería falso que dijera que la propuesta de nuestra editorial fue alguna vez “descubrir nuevas voces”. En realidad, en nuestro caso se trata más bien de dar más circulación a ciertas voces que —no se puede negar— en la mayoría de los casos ya han logrado un importante grado de reconocimiento al menos en su país o en su lengua. La mayoría de los autores que hemos publicado pueden considerarse ya muy reconocidos (Raúl Zurita, Yolanda Pantin, Pedro Serrano, Elsa Cross, Víctor Sosa, Susana Villalba, Gerhard Falkner…). Solo que quizás las condiciones de las que ya hemos hablado hacen que circulen mucho menos de lo que merecerían. O, más bien: que circulen mucho menos de lo que los lectores merecerían. Esos son los poetas que nos interesa difundir.

En cuanto a la traducción… como editora y como traductora yo misma, lo que me interesa es acercar a la comunidad de lectores y poetas hispanohablantes aquellas poéticas que no les son familiares. Y cuando digo “que no les son familiares” no me refiero a que el poeta no haya sido traducido antes. Sino en tanto su escritura abre un campo de experimentación todavía no observado o explorado en nuestra lengua. Esa experimentación no familiar puede poner el acento ya sea en cierta mitología o vivencia personal, ya sea en ciertos recursos formales. O en ambas cosas. Lo importante es que el/la poeta que se traduzca no desarrolle una estética cercana o equivalente a otros veinte poetas que ya conocemos —ni en español ni en su lengua. Y casi diría que esa es la poética y el criterio de selección que resumiría todo el aporte que Pen Press se propone hacer: extender el área de difusión de aquellos poetas que, en español o en otras lenguas, presenten un “haz de rasgos” que los distinga radicalmente de cualquier otro poeta ya conocido.

FS. Esta pregunta será un tanto ociosa, pero casi siempre interesante: ¿Qué opinas del ya casi trasnochado debate del libro digital que tanto se discute? ¿Contempla Pen Press el salto digital en su catálogo?

No tengo ninguna opinión terminante al respecto. Si existe, mejor; es un avance. Personalmente, me permite leer casi de inmediato libros de cuya existencia no tenía idea. Yo bajo muchos libros en pdf. Y si me interesan mucho, siempre termino imprimiéndolos. Como ves, me refiero sobre todo a libros que ya están en el dominio público. No los nuevos, que prefiero en papel. Incluso habiendo un lector de ebooks en casa, nunca lo usé.

En cambio, la manera en que se ven algunos ebooks en una pantalla grande, me encanta.

En poesía, especialmente, hay unos libros bellísimos en formato digital. Mi editor de Inglaterra, por ejemplo, Shearsman Books, tiene en su catálogo una magnífica colección de ebooks. Pienso en libros como los de Geoffrey Squires o los de Gautam Verma. Me parece que se leen muy bien y se ven muy bellos. Hasta la luz del monito parecería pasar a formar parte de la poética que esos autores proponen.

En cuanto a la posibilidad de que Pen Press contemple “dar el salto…” No sé. Recién acabo de terminar una página web que por primera vez podré actualizar yo misma, sin depender de un webmaster. Fundamental. Pienso que muy probablemente agregue una sección de poemas en audio o en video. Tal vez en algún momento pueda pensar en incluir algún texto en formato digital. Quizás no de inmediato. No sé. No lo descarto.

 FS. ¿Qué medios de circulación tiene Pen Press, dónde se consiguen sus libros?

MR. En la página web (www.edicionespenpress.com) se enumeran algunas de las librerías de Buenos Aires, Caracas, Barcelona, Madrid, Nueva York… en las que se pueden conseguir varias de las plaquettes.

También, como te decía, acabamos de instalar la tienda virtual, o sea que tanto los pliegos como las plaquettes se pueden pedir, y los mandamos por correo.

En todas las lecturas de poetas de Pen Press y en todas las actividades en que la editorial (como tal) participa tratamos de llevar al menos un ejemplar de cada título.

Y cuando me invitan a mí como poeta a alguna otra ciudad o país, trato de llevar conmigo un buen número de títulos de Pen Press para que sus autores se conozcan por otros lados.

También varios de los poetas que publicamos han colaborado mucho en la difusión no solo de sus propias plaquettes sino también de las de otros compañeros de colección. Así es como Pen Press llegó a algunas librerías de Caracas, San Juan de Puerto Rico, Montevideo, Buenos Aires…

Y otra forma de “distribución” es la que muchos aprendimos de nuestro primer editor argentino, el poeta Víctor Redondo: saber en manos de quiénes —de las muchas personas que deambulan por el mundo de la poesía— poner los textos de algún poeta que tal vez todavía no hayan leído. Por el mero placer de que el poema y el lector se encuentren, que es —al fin y al cabo— la única meta de un proyecto como el nuestro. Un poco utópico, como ves.

FS. Eso es algo que me gusta de Pen Press: crea, en la medida que circulan los textos, un círculo de amigos tal y como se hacía antes con ciertas revistas como Sur y Orígenes. Eso es algo que el formato digital no puede reproducir, ¿no te parece?

MR. Qué linda idea, porque implicaría que estamos recreando, en la medida de lo posible, un espacio de afinidades y de pertenencia, como antes podía ser la idea de generación, como la del 27, o de un “grupo” convocado alrededor de una revista, como las que vos mencionabas.

A la vez, hay que ser muy cauteloso con el concepto de “amigos” en este contexto. Será porque he visto a algún que otro “no iniciado” (alguno de aquellos que en Buenos Aires, en alguna época, se habría dicho, con una picardía muy porteña, “que miran nuestro mundo con la ñata contra el vidrio”) intentar invalidar esfuerzos muy legítimos tachándolos de “un grupo de amigos”. Lo cual supone ignorar mucho de cómo se ha tramado, desde el siglo XIX a esta parte, la historia de la literatura y el arte. Y aun mucho más atrás: ¿qué habría sido de la obra de Sor Juana sin sus “amigos”, en un continente y en otro?

Pero volvamos a tu idea. Porque en cierto sentido es verdad: se trata de un grupo de amigos. Pero desde un concepto de la amistad que tal vez esa gente no entienda, o tienda a pervertir desde su propio oportunismo. Porque de lo que se trata aquí —como vos y yo bien entendemos— es de una amistad que nace de la afinidad y la admiración por el trabajo del otro, de los otros. Y en este sentido claro que formamos una red de amigos. Aun cuando a más del 50% de los poetas y traductores que publiqué hasta ahora en Pen Press jamás los haya visto personalmente, ni sepa cómo es el sonido de su voz. Pero hay una cercanía que va más allá de lo inmediato, lo físico, lo geográfico.

Y en eso debo reconocer que la tecnología nos ayuda mucho. No porque hagamos libros digitales o no. Sino por el tipo de intercambio que podemos mantener ahora gracias al email, Google, Facebook, Vimeo… La verdad, no creo que nadie consiga oírme hablar mal de estos avances. Es realmente increíble: poder escuchar en la parada del autobús la más bella lectura de Marhmoud Darwish… es imposible no agradecerlo. Me sería completamente imposible renegar de eso. Soy una total adepta a lo que tenemos hoy día a nuestro alcance. ¡Otra cosa es que la parada del bus no sea el mejor lugar para escuchar un poema de Darwish! Pero ¿¿por qué no??

Así que, volviendo a tu pregunta: sí, Pen Press promueve, desde sus publicaciones, una amistad intelectual, estética. Eso no quiere decir, o es más bien lo contrario, de publicar a tus amigos.

FS. Por último, para despedirnos, cuéntanos cómo confluyen tus distintas profesiones, la de poeta, traductora, editora y profesora –disculpa si se me pasa alguna. ¿Significan una sola todas?

MR. ¡Totalmente! Son una sola: todas giran alrededor de ese enorme misterio que es la poesía.


Mercedes Roffé, poeta argentina nacida en Buenos Aires, es también traductora y editora. Desde 1995 reside en la ciudad de Nueva York.

Entre sus libros de poesía se destacan Cámara baja (1987), La noche y las palabras (1996), la plaquette Definiciones mayas (1999) y Las linternas flotantes (2009). En Madrid, la editorial Amargord publicó, en su colección Transatlántica, una reedición de dos de sus poemarios: Canto errante seguido de Memorial de agravios (2011), con prólogo de Raúl Zurita. En 2012, la editorial Vaso Roto publica de La ópera fantasma para España y México.

Algunos de sus libros han aparecido en distintos países en traducción al inglés, al francés, al italiano y al rumano.

Desde 1998, dirige el sello Ediciones Pen Press, dedicado a publicar plaquettes y pliegos de poesía contermporánea española y latinoamericana, y de otras lenguas en traducción al español.

Entre otras distinciones, recibió una Beca de la  Fundación John Simon Guggenheim, en poesía (2001) y una beca de la Civitella Ranieri Foundation (2012).

(Fotografía de Estela Fares.)

Anuncios

Comenta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Basic HTML is allowed. Your email address will not be published.

Subscribe to this comment feed via RSS

A %d blogueros les gusta esto: