Maus y más Maus: Metamaus

Ha aparecido en español MetaMaus (publicada en Estados Unidos por Pantheon en 2011), un acercamiento totalizador a la obra maestra de Art Spiegelman, y editado por Reservoir Books/Mondadori. Supone una nueva oportunidad de profundizar en una de las obras que más han hecho por reivindicar la historieta como medio adulto. No es que todos los cómics deban ser adultos, pretensión ciertamente absurda en una época como esta en que la infancia es cuidada, atendida, mimada, y… explotada, desde el cine, la literatura y también los cómics; pero es cierto que, en ciertos círculos y en determinados países, la lectura de historietas sigue siendo una actividad minoritaria y, por lo general, contemplada con desdén.

Es fácil pensar que Maus 1 ganó en 1992 el premio Pulitzer de Literatura porque, aunque traía dibujines, abordaba con originalidad y desgarramiento la vida de los padres de Spiegelman en los campos de concentración alemanes. En esta singular obra ligera y al mismo tiempo profunda, que oscila desde la melancolía al más hondo pesimismo sobre la especie humana, los judíos son ratones, los nazis gatos y los polacos cerdos. Por medio de esta especie de distanciamiento absolutamente brechtiano, la caricatura hacía más tolerable la inmersión en el testimonio del horror. Es fácil pensar que Maus I ganó el Pulitzer porque los años de la posmodernidad invitaban a favorecer un tebeo “con pretensiones” por encima de la literatura “sin dibujos”. También el tema se prestaba a los más altos honores: la Academia de Hollywood sólo se rindió ante el talento de Steven Spielberg cuando éste rodó La lista de Schindler y fue oscarizada en 1993. Sin embargo, también por aquellos años la narrativa gráfica ganaba premios literarios: Watchmen, de Alan Moore y Dave Gibbons, obtuvo el Hugo de novela de ciencia ficción en 1988; en 1991, el número 19 de The Sandman ganaría el World Fantasy Award. Premios literarios ambos que, junto con el Pulitzer de Maus, abrían para la historieta un sendero hermano de la literatura que muchos estudiosos desdeñan: el cómic no es un género literario, es un medio en sí mismo, es un arte, es el Noveno Arte.

En principio desconfiaba de MetaMaus: creí que se trataría de una aproximación teórica como puede haber tantas, salvo que, en este caso, auspiciada por el autor y con documentación de primera mano. Lo he comprado porque es mucho más que todo eso. No sólo acompañan el volumen muchas páginas dibujadas para esta ocasión por Spiegelman, así como abundantes entrevistas, sino que lo completan diversos materiales excepcionales: una multitud de fotografías e ilustraciones, transcripción de las entrevistas que el autor realizó a su padre, Vladek, y que con el tiempo se convertiría en la fuente de la que brotarían los acontecimientos tormentosos que se cuentan en los dos volúmenes de Maus. MetaMaus es hermoso como libro-objeto, y además de todo esto, contiene un CD-Rom que no sólo incluye los dos volúmenes de la obra original, sino numerosos hipervínculos que conducen desde las páginas concretas a miles de imágenes de bocetos, borradores y material fotográfico usado como documentación. MetaMaus trasciende el ámbito general del libro de referencia sobre una obra para convertirse en apéndice indispensable, un volumen que no sólo es testimonio, desde la historieta, del holocausto judío, sino que se constituye como testimonio imprescindible para desbrozar desde el análisis más profundo la obra capital de Art Spiegelman. Quiero recordar aquí que Art Spiegelman es el más trascendente, junto con Robert Crumb, de aquellos artistas norteamericanos que desdeñaron la industria en los 60 y se infiltraron en el movimiento underground. Pasados los años de la dulce psicodelia, establecieron los cimientos de lo que hoy se conoce como cómic independiente o indie, un cómic que ya no se mueve al margen de la ley ni de las costumbres, pero que sigue presentando propuestas sorprendentes y alternativas, de muy distinta índole e intensidad, mas marcadas por el deseo de decir algo nuevo de una forma nueva.

Para compartir con ustedes el entusiasmo que, a mediados de 1994, causó en mí la lectura de Maus, repesco aquí un artículo sobre esta obra que data ya de algunos años, pero que bien puede servir para hilvanar con el a`contecimiento que, sin duda, constituye la aparición de MetaMaus en nuestro idioma.

Maus

*

Ya no estoy muy seguro, pero creo que Maus fue la primera lectura de cierta envergadura que hice directamente en inglés. La compré en 1994 durante mi primera visita a Nueva York, en una pequeña librería de Manhattan llamada, si no recuerdo mal, Jim Hanley´s Universe. Era mi primera vez en Nueva York, yo tenía veintipocos años y me fui solo a buscar librerías especializadas por la Gran Manzana (habíamos llegado a la ciudad de los rascacielos para representar en el Teatro del Repertorio Español, también en Manhattan, El anzuelo de Fenisa, de Lope de Vega). Había escudriñado las páginas amarillas de la ciudad y había tomado las direcciones de algunas librerías, me desmarqué del grupo (los demás fueron todos juntos a comprar pantalones Levi´s e imitaciones de Rolex por Chinatown) y, con mucha emoción, internéme solo como un pollito calvo por la gran ciudad.

Es muy fácil orientarse por Manhattan. Con un mapa en la mano y tomando la Quinta Avenida como referencia, todo es p´arriba, p´abajo, a diestra o siniestra. Tomen nota, y ya pueden viajar a Nueva York sin mayores problemas. Yo, claro, estaba acojonado. En aquellos tiempos no había viajado solo demasiadas veces, y solito de repente por la capital del mundo tenía mucho miedo de los homeless y de los winos. Escudriñaba a todas partes y miraba a los ojos de la gente: en caso de pérdida, me consolaba pensando que, si me encontraba con Woody Allen mientras volvía a casa de comprar el pan, siempre podría preguntarle si iba por buen camino. Me detuve en mi periplo en busca de Jim Hanley´s Universe en algunos puntos estratégicos: compré un perrito caliente en el típico carrito callejero, y un tebeo de Daredevil en un kiosco (no podía creer que en Nueva York hubiese kioscos tan feos como los de la posguerra española). Al fin encontré la librería y me metí en ella. No era la gran cosa, la típica librería especializada como hay miles, pero en aquellos tiempos pre-Amazon donde sólo tenías el incipiente sistema de Advance Comics, pues emborrachaba la vista, el olfato y los sentidos hallarte en una librería donde comprar tebeos originales en inglés, y más teniendo en cuenta que se trataba de una librería original en el Nueva York original. Mis compras fueron un par de tomos de Love and Rockets, los diez primeros números de Eightball (en aquellos tiempos casi nadie en Europa conocía a Daniel Clowes), un tomo del Popeye de Segar, también en Fantagraphics, un volumen del Pogo de Walt Kelly, varios cómics de Crumb, algunos cómics independientes que me entraron por el ojo (Joe Matt y otras cosas que no recuerdo, entre ellas Cherry) y el tomo 1 de Maus (no había aparecido todavía el 2, o no lo vi).

Si ya estaba nervioso, todavía sucedió algo que me acobardó más. De repente uno de los dependientes se lió a hostias con un chaval que había intentado robarse unos tebeos de superhéroes. Nada de detenerlo y darle un par de empujones para asustarle en plan oye tío, de qué vas, o su traducción al inglés. En plan Schwarzeneger, el tipo le propinó una tunda que lo dejó baldado, él se quedó tan a gusto y a mí me dejó turulato. Se notaba que el tío había tenido un mal día, o simplemente, llevaba tiempo deseando sonarse a alguien, porque al chaval le llovieron hostias por todas partes. Yo, que me conocía al dedillo la mítica serie Hill Street Blues, sólo pensaba en huir, creyendo que igual asaltaban la librería sus amigos de la banda de los Diablos y se montaba un pifostio que no veas: las guerras apaches conmigo en medio de todas las gangas de Nueva Yol. Al fin llegó la policía, esposaron al muchacho y se lo llevaron a comisaría. Como en los telefilmes. Pagué mis ciento y pico de dólares y me fui como alma que lleva el diablo. Todo esto no venía a cuento, pero en fin, me apetecía recordarlo aquí. Al volver a Murcia leí Maus por primera vez, y me sorprendió entender toda la obra con mi inglés de aquel entonces, el que medianamente había aprendido desde la educación primaria hasta los años universitarios.

Hace un par de semanas releí los dos tomos de Maus. Mi inglés ha mejorado mucho con los años, pero ya no me sorprendió haberlo comprendido todo una década antes: Spiegelman construyó una obra maestra escrita en un inglés sencillo que pudiese llegar fácilmente a cualquiera que supiese un poco de inglés. Me recordó, salvando muy mucho las distancias y sólo hago la comparación por ser didáctico, el griego del Nuevo Testamento y su traducción latina, la Vulgata, dos obras que cualquiera que supiese el mínimo de griego y latín pudo entender sin dificultad a lo largo de los siglos. La misión de los autores del NT fue divulgar un mensaje al mayor número de hombres posibles. Creo que Spiegelman también premeditó, en algún momento, que su obra magna debía llegar fácilmente al corazón de los lectores que pudiesen entender esa lengua franca de nuestro tiempo que es el inglés, como en otro tiempo lo fueron el griego o el latín. Uno de los mayores logros de Maus es que tiene una vocación universalista: quiere trascender las fronteras, dar a conocer un mensaje que también es universal, el de la crueldad del ser humano y su gusto por cebarse, cada cierto tiempo, en grandes sectores de la sociedad que hasta entonces habían vivido libremente y perfectamente integrados en la sociedad: árabes, judíos, homosexuales, negros… Ese deseo de transgresión de fronteras condujo a Spiegelman a crear con Maus una apasionante amalgama de elementos diversos: humor, tragedia, historia real, colectivos convertidos en personajes animalizados… Es una historia sobre el holocausto judío, pero su gran mérito consiste en que también es una historia sobre la difícil relación de Spiegelman con su propio padre, Vladek, el superviviente de los campos de concentración, el superviviente del suicidio de su esposa cuando Spiegelman ya contaba veinte años y vivían en Estados Unidos. La tragedia de Anna, la madre de Spiegelman que sobrevivió al holocausto pero no pudo sobrevivir a los recuerdos del mismo, es la gran historia latente que para siempre quedará perdida en el tiempo, y el esfuerzo de Spiegelman por comprenderla intensifica el dolor de una suerte atroz, de una vida marcada por el horror del genocidio nazi que alcanzó a ser expresado por escrito, de puño y letra por ella misma, y que Vladek destruyó tras su muerte para intentar librarse del pasado. Desde este punto de vista, también Vladek es un asesino, y así lo llama Spiegelman en la última viñeta del tomo 1: un asesino de la memoria.

Maus es una obra emblemática, pero no sólo es eso: es también una gran obra que merece ser leída y releída con los años. Su carácter de novela gráfica, mixta, fronteriza, procedente del underground americano y hoy instalada en el independentismo creativo radical, la hizo ganadora del premio Pulitzer de literatura en 1992. Se argumentará que fue el tema del holocausto, y no un medio como el cómic, el que ganó el prestigioso galardón, pero esa disquisición resulta bizantina a estas alturas. Ganó, ante todo, un gran artista de este hermoso medio narrativo, uno de los más grandes desde los años 70. Quizá este premio sirvió también para que los tebeos empezaran a entrar en las bibliotecas para convivir con sus hermanos mayores de toda la vida, y por el bien de todos.

Ricardo Vigueras

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2 Responses to “Maus y más Maus: Metamaus”

  1. Art Spiegelman festeja 60 años de cómics | blog indieo

    […] Art Spiegelman (1948) fue el hombre que dijo: “Como forma de arte, el cómic apenas ha rebasado su infancia. Igual yo. Tal vez nos toque crecer juntos”. Desde sus inicios en el cómic underground hasta su faceta de ilustrador para el New Yorker, Spiegelman ha pasado las merecidas etapas de todo gran artista y ahora se le festeja con la aparición del libro Co-Mix. A Retrospective of Comics, Graphics, and Scraps, que es no solamente un repaso de su carrera, sino también una reivindicación del cómic como forma de arte. En esta entrevista para NPR, Spiegelman habla sobre sus inicios, el origen de su más famosa obra, Maus, con la que ganó el Pulitzer, y de la cual Ricardo Vigueras ya escribió en este blog. […]

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